22 de 04 de 2008

Dinero v/s Educación


Siguiendo la idea del artículo sobre el libro The Manual, debo decirles que existen hombres que no sólo de seductores no tienen nada, sino que además, son lo menos caballeros que hay. Les voy a relatar dos historias un poco tragicómicas, que al compararlas corroboramos que el dinero no hace la educación y que efectivamente las coincidencias sí existen. El jueves pasado, saliendo del trabajo tipo 9 de la noche, me encontré con una sorpresa: mi auto había sido chocado y por el impacto, arrastrado por lo menos un metro contra el auto de una compañera de trabajo que tenía el suyo estacionado al lado del mío. Cuando vimos tal escena no entendíamos nada…. cómo nuestros autos habían llegado a estar tan juntos, al punto de que no cabía ni un dedo entre ambos. Con asombro nos hicimos todo tipo de preguntas y respuestas idiotas: “¿Cómo estacionas tu auto tan cerca del mío?” , “No, si te juro que me estacioné súper lejos”. Claro, debo reconocer que mi pregunta fue bien tonta, porque con la cercanía que tenían ambos autos ni el ser más famélico de la historia se hubiera podido bajar. Pero bueno, son frases sin sentido producto quizá del shock y de no saber qué había pasado.

Gracias a un vecino que justo nos vio desde su departamento, lo supimos todo. Un bus era el culpable. Partimos a dejar la constancia a carabineros y aunque no lo crean ahí estaba aquel hombre que tanto maldije, sí, el chófer del bus, pero ¡cómo tanta coincidencia! Luego que me chocó fue a dejar a sus pasajeros a Rancagua y milagrosamente coincidimos en la misma comisaría y a la misma hora. El pobre hombre, más asustado que nadie, se acercó a mí y me dijo: ¿A ti te chocó un bus? A lo que respondí: “Así, parece. Eso me contaron por lo menos”. Bueno, luego de revelarme que él era el culpable, me relató cómo había sucedido todo. Este hombre no encontró nada mejor que prender el motor, sacar el freno de mano y bajarse a conversar con un amigo, mientras esperaba que llegaran sus pasajeros, no pensó que al sacar el freno el bus se comenzaría a mover y estrellaría contra mi auto. Hubiese preferido menos sinceridad de su parte. A pesar de todo, dio la cara, se deshizo en disculpas y demostró ser caballero y preocupado. Muy por el contrario de otro caso en el que el protagonista no es un humilde chófer de bus, sino que el dueño de una camioneta gigante y de una discoteque en Viña del Mar, el cual al pasarse una luz roja y chocó a otra de mis compañeras de trabajo; el día del accidente le dijo: “Shh… Agradece que paré”… ¡Gran caballerosidad de su parte! Bueno, este incidente fue en enero y todavía no sabemos nada de él, le cortó el teléfono un par de veces a la afectada y finalmente no respondió, simplemente desapareció. Aquí tenemos el caso de dos hombres, con una situación económica muy diferente, pero con una educación muy distinta también. Supongo que este tipo de ejemplos hay muchos, ¿o no?

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