Bárbara Loiss: el reencuentro

El celular no dejaba de sonar y la foto de su novio aparecía constantemente en la pantalla. Sintió que estaba mal lo que hacía, pero lo apagó definitivamente. Entonces, ya sin culpa, Bárbara se aventuró a buscar aquel correo electrónico que Federico le había escrito hace un mes y que ella, en un acto torpe, había enviado a la papelera de reciclaje.
La tensión era máxima: no sabía que decía aquella misiva, si acaso se trataría de un mensaje esperanzador o de una despedida. Pero, ¿por qué después de diez años sin verse intentaría encontrarla? Así recordó la única vez que lo volvió a ver, aquella tarde lluviosa después del trabajo.
Había sido hace tres años atrás, cuando comenzaba recién en el periodismo, precisamente cuando intentaba ser reportera, aunque nunca logró gustarle. Era una mañana fría del mes de julio, ya había oscurecido. Estaba por entrar a la estación de metro, intentaba cerrar su paraguas media agachada. Al tratar de levantarse divisó sus ojos, su, boca, su cuello, sus rodillas y toda su figura. Se encontraba en la boletería. Se veía algo distinto, quizás porque ya no usaba esos incómodos frenillos ni tenía ya esa alocada cabellera. Pero sin duda era él. Se apresuró hasta el lugar, sin ser demasiado obvia, aunque pasó inadvertida. Él jamás la notó, y su rostro permaneció cabizbajo hasta lo que vio entrar al vagón.
Apretó la tecla necesaria y apareció por completo el contenido del correo electrónico. Bárbara leía algo sudorosa, sus manos tiritaban. Entonces volvió a escuchar su celular, pero esta vez no era su novio, sino un número desconocido. No contestó, en cambio se apresuró a anotar un número y una dirección en un papel y salió corriendo. Dijo a su jefe que tenía un asunto familiar que atender y se retiró una hora antes de lo previsto. Tomó su paraguas, llovía como Dios manda.
Manejó unos veinte minutos hasta detenerse frente a unos departamentos que le parecieron familiares. Esperó largo rato, aunque decidió, casi sin sentido, viajar hacia la costa, en aquel lugar donde existían tantos recuerdos. Entonces, después de casi tres horas, vio su silueta. Allí estaba Federico esperándola, tal como decía aquel correo electrónico que había borrado por desesperación.
* Capítulo anterior de la cibernovela Bárbara Lois AQUI
Taconeras




ay! jajja me encanta! lei la anterior y son buenisimas! pero seria mucho mejor si se hace un libro porq no me gusta esperar hasta la proxima parte >.< estoy segura de q a ciynthia le iria magnifico como novelista
espero ansionsa el proximo capitulo. besos :K
alaaaa! qe bonitoo
cuaanndo vienee
laa teeerceraa partee?
asuuu!hastaa la proxx
semanaaa! alaa qe popo
por qe taanttoo alaaa ccy
tiienee razonn
LIBROO,LIBROO! jajajajja
bueeeno yaa qe teendree
qe esperaarmee
unaa semanaa maaas!
pero aunnn asii Barbaraa
deveriaas
escriivir un libroo de novelaas
asii un bueenn
en un solo librooo!
alaa yo lo compraaariaaa! amo
estaar leyendoo
noveelaas asii! eeeh
leeiido un bueen qe se aann
publicadoo en Vanidaades
hacee pocoo me dii cuenta
de quee beeniaaan ahii novelaas
alaaa! mee emocionee
mucho! cuandoo me enteree!
bueeno esperoo escriibaas maas!
besoss(:
:O
MAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAS!!
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[…] recuerdo El reencuentro La confusión La desesperación El accidente La visita inesperada El secreto La revelación Las […]