28 de 01 de 2010

Infiltradas: el adiós de Leticia

Capítulo 3: El adiós de Leticia

No podía creer lo que estaba sucediendo. Le había costado años lograr una vida, una nueva identidad. No estaba del todo convencida de las palabras de Johnny, sin embargo, temía sus amenazas. ¿Qué pasaba si le contaba toda la verdad a su marido?, ¿o a sus dos hijas? O peor aún, sólo pensar que en el canal podrían descubrirlo todo le causaba pánico.

Llegó a su casa más tarde de lo normal. Rodrigo estaba durmiendo y las niñas junto a él. Los observó con lágrimas en los ojos, tratando de imaginarse sus rostros al saber que ella ya no estará más. Tomó un lápiz y una hoja, pero desistió de escribir una nota. Decidió entonces enviar un correo electrónico más tarde, cuando estuviera segura de qué iba a suceder. En el canal ya había renunciado, aunque seguro mañana nadie entendería qué estaba sucediendo.

Tomó algunas cosas de su clóset y se las llevó. Iba bajando las escaleras cuando recordó aquella bitácora. Dejó su pequeño bolso en el suelo y bajó a la bodega. Percibió un olor raro, pero sabía lo que buscaba y lo encontró rápidamente. Quitó algunas cajas viejas y allí estaba. Su diario, aquellas hojas que la acompañaron por cinco años en México. Lo observó emocionada por algunos segundos, como si su vida pasara a modo de sinopsis de película.

- No puedo creer que tenga que volver-susurró.- Y yo no puedo creer que me estés abandonando –pronunció Rodrigo entre la oscuridad.- ¡Mi amor!, pensé que estabas durmiendo.- Y yo pensé que me querías. ¿Qué estás haciendo?- Me tengo que ir Rodrigo, cuida a las niñas.- Pero mi amor… -pronunció él entre sollozos- no puedes dejarme solo ahora.- Entiende Rodrigo, Johnny me necesita, me está amenazando.- ¿Quién es Johnny? –preguntó intrigado.- No quiero dar explicaciones, por favor créeme, volveré.- Déjame ir contigo.- No puedo amor, déjame ir ya.

De pronto Leticia abrió los ojos, terminando con aquella ilusión. La situación era tan irreal como sus deseos de partir. Porque Rodrigo seguía durmiendo, confiado en sus palabras de amor. Y ella continuaba con el corazón apretado, cerrando la puerta tras de si.

 © Cynthia Rosales. Derechos reservados. Prohibida su reproducción total o parcial

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