16 de 06 de 2010

Vale la pena vivir

Queridas Taconeras a partir de hoy tendremos una nueva compañera de aventuras. Se trata de Elisa Vidal, una fiel seguidora de Vanidades que quiso sumarse a este gran equipo que formamos junto a ustedes para compartir anécdotas e historias, que sin duda, nos seguirán identificando. Las invitamos a seguirla y, por supuesto, a comentar sus historias con las de ustedes.

¡¡¡¡Bienvenida Elisa!!!!

No sé si ustedes se acuerdan de la primera entrevista laboral que tuvieron. De la mía me estuve acordando este fin de semana.
Llevaba un mes sin trabajar y vivía con mis papás, no tenía ninguna responsabilidad a parte de los $83.200 que tenía que pagarle al banco, por la cuota de mi primer crédito de consumo para comprarme un auto usado y viejo, pero con mucho look: un escarabajo naranjo. (acuérdenme de contarles como era la dueña anterior de mi auto y de la que me lo compró)
Una amiga me dio un número de teléfono para que llamara a una empresa internacional que buscaba una asistente de marketing. Llamé, me citaron a una reunión, me entrevistaron, y me quedaron de avisar. Pasaron cinco días antes de que una voz plana me llamara pidiéndome que me presentara al día siguiente a una entrevista con el gerente general.
No se imaginan los nervios que sentí desde que recibí el llamado hasta el día de la reunión. Me pasé el resto del día preparándome para dar la mejor de las entrevistas; hablaba en voz alta encerrada en el baño, mirándome al espejo, como si fuera una experta en marketing, buscando en mis recuerdos, las mejores experiencias que había podido tener en mi corta vida laboral.

Fui en mi escarabajo naranjo, me creía la muerte, la dueña del mundo.
Busqué estacionamiento cerca de la oficina y no encontré nada, no sabía que hacer con mi autito, que se estaba empezando a transformar en un estorbo.
Quedé como a diez cuadras, pero no me di ni cuenta, estaba tan concentrada en mi entrevista y casi segura de lo que me iban a preguntar,
que no me importó. Subí en ascensor cinco pisos. Crucé una mampara de vidrio y me anuncié con el hombre que había detrás del mesón. Me hizo un gesto con la mirada que yo entendí como un: tome asiento, la llaman enseguida.
De pronto apareció una mujer baja con la mirada esquiva y me preguntó si yo era Elisa Vidal. Le dije que sí y me pidió que la siguiera.
Me dejó parada ante una puerta de madera, y desde ahí podía escuchar una voz masculina que hablaba sin parar en un inglés indescifrable para mí. No se imaginan lo nerviosa que estaba, pero nunca sentí ganas de ¡¡arrancar!!
No sé en qué minuto la puerta se abrió, un hombre corpulento, me daba la espalda mientras hablaba por teléfono y caminaba por toda la oficina gracias a un cable largo que le permitía moverse por todas partes. Un sillón de cuero negro, una mesa de vidrio rebalsada de revistas y un escritorio con dos sillas, era todo lo que había.
Colgó el teléfono y recién ahí le pude ver la cara. Era joven, tenía barba y unos redondos ojos azules, no se por qué pensé que podría haber
sido perfectamente el nieto del viejito pascuero. Me pidió que tomara asiento y nos quedamos mirando.
-Así es que usted es Elisa Vidal -.
Yo asentí con la cabeza.
De un sobre sacó unos papeles, que me parecieron conocidos; mi currículum ; la letra de la máquina era inconfundible, una tía me había regalado esa máquina de escribir Olivetti , que era más vieja que ella y yo la había usado para hacer el primer currículum de mi vida.

Me enderecé para recibir las preguntas sobre mi experiencia laboral y de pronto él levanta la vista y me dice:
-¿Cuántos años estudió flauta dulce?
Se los juro, eso me preguntó.
¿Flauta dulce? pensé, de qué me está hablando este señor, y recién ahí me acordé que una amiga me había dicho que pusiera las actividades extraprogramáticas que había hecho en el colegio, y sentí que la cara se me ponía roja y que mis manos estaban estilando.
-Ocho años- contesté, y para darle la nota más seria le expliqué que los exámenes los había dado en el conservatorio de música de la Universidad de Chile.
Era cierto, pero, ¿Qué le podía importar a él, semejante hazaña escolar?
Se quedó pensando, y sin sacar los ojos de esos papeles, que a esas alturas yo solo quería arrugar me perguntó:

-¿Qué hace su papá?
Yo lo quedé mirando y no supe cómo estallé en llanto. Me tapé la cara con las manos y me quedé así, esperando a que se me quitara esa pena profunda que sentía y que no podía hacer nada para que se me pasara rápido. Podía escuchar que el se disculpaba entre medio de mis sollozos. ¡Qué vergüenza!, pensé.
Cuando pude volver a mirarlo a la cara, le dije que mi papá había muerto hacía menos de un año y que jamás imaginé que me preguntaría algo así, ni menos que mi reacción sería la que tuve y que me perdonara y que por favor me prestara un poco de ese papel tisú que tenía sobre el escritorio.
El se sonrió, me acercó la caja y mientras yo sacaba uno, pude ver en sus ojos que no le importaba que yo hubiera reaccionado así.
Se levantó y me dijo que estaba contratada.

Casi doce años después, y trabajando en un rubro absolutamente diferente, estaba leyendo el diario, cuando me enteré que el papá del hombre que me había contratado a pesar de mi llanto, había muerto. Tomé el computador y le escribí una carta de pésame, en la que lo único que me acuerdo que le dije era que se diera permiso para llorar a su padre cuanto él encontrara que fuera necesario y le agradecí el haber respetado mi llanto.
Una semana más tarde, me contestó:
-He llorado mucho Elisa, gracias.

Esa fue mi primera experiencia laboral, me gustó haberme acordado.
Y ustedes, se acuerdan de la suya?

13 comentarios

antito

06 de julio de 2010

hola elisa jajaaj eres muy buena mujer te quiero (L) jaja

Pancracio Errazuriz

26 de junio de 2010

Leí tu experiencia y me vinieron a la memoria muchos recuerdos de épocas vividas muy cerca de mi hija y realmente me emocionó tu relato!!! Sigue escribiendo así!

Vivi

20 de junio de 2010

Que bien Elisa!!! tienes talento al escribir ehhh!!!! me pas{o que leí tu historia y fue como empezara leer una novela de las buenas... me mantuvo atenta en todo momento... te felicito... y espero más de tus historias!!!!!

Su

17 de junio de 2010

Elisa, qué entretenido tu post!! Creo que habría salido corriendo de ahí y no me habría atrevido a mirar hacia atrás. Aguantaste y sacaste de un mal momento una gran experiencia. Te felicito por la delicadeza de comunicarte con él tanto tiempo después en ese momento tan difícil. Espero con ansias tu historia de escarabajo naranjo y, me imagino, muchas más. ¡¡¡Un beso gigante!!!

Carolina

17 de junio de 2010

Bienvenida Elisa!!... que lindo recuerdo!!... mi primer trabajo fue en una gran tienda vendiendo ropa; en ese momento lo pasé mal, era muy chica y habia tenido dentro de todo una vida bien protegida.... ese mundo laboral me golpeó, era tan distinto todo!!!... la compentencia insana, envidia, el resto de las chicas eran mucho mayores que yo y con unas vidas... pobres!!!.... hoy lo miro a la distancia de los años, ejerciendo un tema nada que ver con eso y hasta las recuerdo con cariño, soy capaz de entender que cuando estas atrapada estas siempre a la defensiva.... lindo tu blog!!! te mando un beso!!!

kika

17 de junio de 2010

Elisa eres genial!!!, me gustaría acordarme con ese detalle de mi primera entrevista. Te felicito y espero que nos cuentes de la persona que te vendió el escarabajo. besos,

Cote

17 de junio de 2010

¡Felicitaciones Elisa! Después de una entrevista siempre me pregunto: ¿Porqué siento que me están haciendo un favor? Además, creo que es muy incómodo encontrarse con las personas que están postulando al mismo cargo que uno... ¡parecemos buitres!

Max

16 de junio de 2010

Mi primera experiencia laboral fue en la construcción, entraba a las 6am, trabajaba como obrero en los subsuelos hasta que pedí ver la luz y me quedé acarreando materiales en el primer piso, fue una muy linda experiencia, trabajar en un rubro como ese al que nada se parece en que lo hago actualmente, además de conocer a gente muy buena onda. Bienvenida al blog Elisa, me gustó mucho el post.

Cynthia Rosales

16 de junio de 2010

¡Bienvenida Elisa! Mi primera experiencia laboral fue como asistente de Navidad en una gran tienda, nada más lejos de lo que hago ahora como profesional. Sin embargo, fue una buena ocasión para aprender a relacionarme con el resto en un ambiente distinto al del colegio o la universidad. Además, se aprende a manejar dinero, aunque sea poquito.

xsanmiguel

16 de junio de 2010

Saludos, Elisa. ¡Qué gusto encontrarte por estos lados!

Fran

16 de junio de 2010

Qué bueno que estés en Taconeras, que te vaya súpe bien!! :D Mi primera experiencia fue en la misma universidad en la que estudié. Creo que mi jefa era una santa y yo un desastre tratando de integrarme a un mundo totalmente distinto al de la Universidad. Siempre le voy a agradecer la paciencia y la confianza.

Nathalie

16 de junio de 2010

Hola Encuentro super la historia pero lamentablemente yo no tengo la oportundiad de decir lo mismo de la mia. En la actualidad trabajo en un lugar dondo no tengo permiso para demostrar lo que siento en lo mas profundo de mi ser, esto muchas veces tiene consecuencias negativas, porque uno guarda mucho al estar todo el dia sin demostrar lo que siente. Es bueno tomar conciencia del lugar en el que estamos y si cubre nuestras necesidades tanto profesionales como personales Saludos y felicitaciones por tu debut en taconeras!!!!!

grecia

16 de junio de 2010

es muy ensoñadora esta historia, pero por mala suerte muchos no tenemos la dicha de encontrar personas que respeten nuestros sentimiento en el marco laboral...me encanta que lo cuentes y de esa forma tan expresiva.

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