22 de 09 de 2010

Mi primer complejo


Hola queridas ¡¡¡Taconeras!!!
Hoy les voy a confesar cuál fue mi primer complejo…
Tenía alrededor de ocho años y mi mamá me llevaba dos veces a la semana a clases de ballet. Me encantaba mi tutú y mi cintillo ancho, que según ella dejaban a la vista mi frente y mis ojos y decía que me veía linda.
Cuando llegamos de vuelta de una de esas clases, mi mamá quiso salir a la vereda a regar los árboles.

— ¿Me dejas regar un poco a mí? –Le pregunté.
—Claro, pero primero cámbiate de ropa para que no se te moje el tutú.
Fue tal la insistencia de mi parte que me dejó salir así, de bailarina…

… Elisa se entretuvo apuntando el chorro de la manguera hacia el sol para que se formara un arco iris. Angélica barría las hojas de la vereda y arrancaba la maleza, mientras tarareaba una canción de Nicola di Bari.
Elisa seguía esperando la aparición del arco iris. De pronto vio venir corriendo a un grupo de muchachos, que sin pedir permiso empezaron a sacar los membrillos de los árboles que cercaban la parcela. Miró hacia donde estaba su mamá, pero no la vio; pensó que había entrado a buscar algo en la casa.
Los muchachos seguían despojando los árboles. Elisa los miró con rabia, y los empezó a mojar con la manguera. Ellos se reían y saltaban, como si estuvieran participando en un juego inesperado. Enfurecida, puso un dedo en el extremo de la manguera y lo apretó, haciendo que el agua se transformara en un chorro duro y punzante. Algunos de los muchachos ya no se veían tan contentos, y trataban de esquivarlo. Entonces uno avanzó hacia ella, apartó la manguera y le gritó:

— ¡A quién vienes a mojar, orejas de paila!—. Y soltó una risotada.
Elisa bajó el brazo; el chorro se estrelló en la tierra y le salpicó los pies de barro. El muchacho se unió a su grupo y volvió a gritarle: “¡Orejas de paila!”. Los otros se reían, y algunos empezaron a corearlo. En eso apareció Angélica, y todos emprendieron una indolente retirada, mientras jugaban a tirarse los membrillos, que al final quedaron esparcidos por el suelo.

— ¿Qué pasó, hija?— preguntó Angélica.
—Nada, mamá, nada…
—Cómo que nada, mírate esos pies… y tu ropa… estás entera embarrada.
Elisa le entregó la manguera, bajó corriendo el sendero de piedra, entró en el baño, cogió el piso donde acostumbraba subirse y se miró en el espejo. No pudo creer lo que sus ojos veían: dos enormes y rosadas orejas se desplegaban a ambos lados de su cara. Eran aún más anchas que sus hombros. ¿Cómo no se las había visto antes? ¿Cómo su mamá no le había dicho nada? ¿Quién más se habría fijado en ese defecto? Se quitó el cintillo, las horquillas y el elástico que le afirmaban la cola de caballo. El pelo cayó sobre sus hombros, y se lo aplastó hasta que ambas deformidades quedaron ocultas debajo. “Nunca más voy a dejar que se me vean”, se prometió, mientras volvía a aplastarse el pelo.

De ese día han pasado varios años, y me costó mucho entender que mis orejas no eran grandes, el cintillo las empujaba hacia adelante, y yo no me había dado cuenta. De todas formas, pocas veces uso el pelo tomado aunque me he esforzado por sacarme ese complejo de la cabeza. Siguieron pasando los años, hasta que un día, cuando mi hija mayor dio el examen para entrar al colegio, la quedé esperando y cuando salió, corrió a contarme que me había tenido que dibujar. Me alegré y le pregunté cómo me había hecho.
Ella sólo me contestó:

-Linda mamá, y no te preocupes, porque te dejé bien tapadas las orejas con el pelo.

8 comentarios

amaranta

25 de septiembre de 2010

creo que uno se pasa de malagradecida, por ejemplo tengo una cicatriz en mi rodilla izquierda (producto de una caída a los 10 años que no fue curada como corresponde) y siempre me la trato de tapar el problema es que me gusta usar vestidos, faldas y minies, porque considero que tengo lindas piernas...pero recuerdo que en la media tenia una compañera que tena toda una pierna quemada, entonces lo mio no es nada... no sé pero uno se ahoga en un vaso de agua muchas veces hay que aceptarse y quererse tal cual es o no??? si total la vida es bella y nosotros también!!!!

anto

25 de septiembre de 2010

jajajaja mamá encerio la vale hizo eeso que risa te queiro sigue escribiendo chau te amo muac.

cherii

24 de septiembre de 2010

ponernos a pensar en lo grave que son el ofender a otras personas seii nunca nos ponemos a pensar en el daño o el trauma q le voi a dejar a la persona el complejo.... algunas veces decimos las cosas por que estamos enojados o simplemente por que la persona no nos cae mui bien pero en realidad es q dañamos a las personas tanto q les cuesta a algunas qiterse el complejoo es algo molesto cansado i considero q a ninguno nos gusta q nos miiren nuestros defectos algoi bueno serria burlarnos de ellos i jugar con los q suelen dañarnos al decirnos nuestros defectos que tenemos i contestar con un.... a mi m gusta i eso es lo que m hace serr hemosa i unica

Bernardita

22 de septiembre de 2010

Qué buena historia! Creo que todos hemos tenido traumas alguna vez en la vida.... pero cuando vamos creciendo vamos queriéndonos y entendiendo que tenemos que aceptarnos tal como somos, así transmitiremos alegría y seguridad a los demás y eso hará que olvidemos nuestros traumas. Saludos,

pam

22 de septiembre de 2010

de chica yo tube traumas con mis pechugas q me salieron como en 4to basico, y mientras todas rezaban por tener pechugas yo lo unico q queria era ser plana, pero al final mis pechugas siguieron creciendo y las acepte. con los complejos pueden pasar 2 cosas, o te traumas de por vida o los aceptas y te enamoras de esa diferencia q te hace especial de alguna manera.

Ele

22 de septiembre de 2010

Buenísima! me encantó, me sentí un poco identificada con lo de las orejas porque cuando chica también hice ballet y ¡es verdad! el cintillo empuja las orejas para adelante! mi hermano me decía cara de mono por eso jajaj, y también en danza unas niñitas me molestaron porque mi tomate era muy grande, y después siempre me amarraba el pelo lo más fuerte posible para que no se notara, hasta que un día dije chao! y me solté las trenzas, y dejé orgullosa mi champa suelta, hasta el día de hoy uso más el pelo suelto que amarrado. jajja

Elisa Vidal

22 de septiembre de 2010

Julieta, qué ciertas tus palabras. Y qué linda también tu historia.Gracias por leer mis relatos.No me voy a olvidar de tu consejo. Elisa

Julieta Merino

22 de septiembre de 2010

Què precioso tu relato! Sabes yo crecì tambièn con dos traumas, uno era el que de pequeña me decìan "dientes de conejo" pero ya grande como me creciò todo el resto de mi cuerpo, se me vieron uniformes jejejeje.... El caso es que tambièn me avergonzaba que mis manos son poco femeninas y aunque dicen que soy bastante atractiva yo siempre me fijaba en mis manos.... Una vez estando en mi iglesia escuchando un sermòn, le decìa en esos momentos a Dios, "por què mis manos no son femeninas" y sabes en el momento sentì el deseo de ver hacia mi lado, ver a la persona que tenìa sentada a mi lado, y era una señora que sus manos y sus brazos los tenìa manchados con una enfermedad que en mi paìs se llama "vitilio" son unas manchas blancas y enormes que te salen en ciertas partes de tu cuerpo, aveces en las manos, aveces en la cara y en verdad es una enfermedad bien fea. Sabes, en ese momento le dì gracias a Dios por tener mis manos sanas y sin manchas y con ellas he hecho muchas cosas lindas... Mira tu vida, mira tu cuerpo y sièntete feliz de ser una linda persona, y disfruta lo que tienes!!! Creo que debe haber muchas que quisieran ser como tù. Saludos,

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