08 de 12 de 2010

¡¡Navidad!!

¡¡Hola Taconeras !!
Les cuento que hace casi cuatro años, mis hijas le escribieron una carta al viejito pascuero. Me las entregaron ceremoniosamente y yo me comprometí a mandarlas al polo norte por correo, esa misma tarde. No pude resistir la tentacion de leerlas, de ver sus peticiones, sus deseos, sus anhelos. Las puse con cuidado dentro de mi cartera y partí rumbo al correo. Había una gran fila de personas con cartas en las manos. Me detuve a mirar con detalles a algunas personas y me encontré con que yo no era la única que estaba en la misión polo norte.

Metí la mano como al descuido dentro de mi cartera y saqué una de las cartas de mis hijas. En un acto impulsivo y arrebatado, leí la primera, y no pude creer lo que mis ojos estaban leyendo. Entonces, leí la segunda y un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. La tercera sólo me confirmó que todo era cierto. Las cerré y espere mi turno. No puedo negar que pensé en retirarme de ese lugar y no terminar la diligencia. No fui capaz, en cambio, les puse las estampillas y las dejé en el buzón.

Me subí al auto y no podía sacarme de la cabeza lo que habían pedido. Por un minuto me arrepentí de haberlas metido en el buzón, pero después me imaginé las caras de ellas esperando la llegada del viejito pascuero, la ilusión de ver dentro de la chimenea sus sueños hechos realidad o, mejor dicho, saltando por todo el jardín, comiéndose todas mis plantas, dejando repartidas por todas partes esas bolitas negras que se multiplican igual que ellos. Comiéndose los cables del teléfono, de la impresora, del refrigerador, del cargador del celular, del secador de pelo, los cordones de las zapatillas, la pata de mi velador, el mango de mi cartera, mi llavero, mi monedero, mi billetera.

¡Qué horror las tres le pidieron lo mismo!: conejos, conejos de verdad, con digestión, con tremendos dientes. Sí conejos, roedores disfrazados de tiernos peluches de orejas largas y juguetonas. Saltarines insufribles y despiadados. Conejos, conejos, conejos. Uno para cada uno, ni más ni menos que tres conejos.
Ahora sólo había que esperar la noche del 24 de diciembre y rogar porque esas cartas se perdieran rumbo al polo norte, desaparecieran del buzón o se quedaran no sé dónde, pero por mucho tiempo. O que el viejito estuviera ‘piticiego’ y no alcanzara a leer las minúsculas letras de mis hijas.

Sí, ahora sólo había que esperar…. cruzar los dedos y esperar.
Si quieren saber lo que pasó, lean la próxima columna de la semana del 22 de diciembre, justo dos días antes de la navidad.

7 comentarios

monica bustamante

27 de septiembre de 2012

Hola..Tengo 58 años,desde los 18 mi hermano me compro la revista . nunca la e dejado de comprar, y la comparto con mis clientas en mi salon de belleza .mi hermano me comento cuando me la paso por primera vez" Una mujer puede ser fea o pobre , pero no desinformada. ". y es la pura verdad con ella se de todo lo que pasa en el mundo. Felicitaciones

Ele

14 de diciembre de 2010

Ufff los conejos no son nada al lado de mi Cazuela(hámster) se comió la camisa favorita de mi papá y ahora tengo que buscarle un nuevo hogar snif jajjaj Me encantó tu historiaaaaa!!!!!!! :)

Daniela Encina

12 de diciembre de 2010

Conejitos!!! que liindos! No creo que sean tan malos.

Cote

10 de diciembre de 2010

Muy buena historia!!! jajajaja me reí mucho con el "piticiego" voy a adoptar esa palabra... Me imagino a mi hija diciéndome con una voz pituda: "mama yo creo que el viejito está piticiego porque ni me trajo todo lo que le pedí" jajajaja

Agustina

09 de diciembre de 2010

jajaja muy buena historia! :) los conejos son tiernos, pero hay que saber manejarlos. chicas! nueva web ohmyfame.webs.com comenten que está muy buena saludos!

Evelyn D.-

09 de diciembre de 2010

Los conejos son buenas mascotas..yo tb tuve y eran retranquilos...

vivi

08 de diciembre de 2010

Jaajajaj! no pude evitar sorprenderme con este relato, yo he tenido dos conejitas, y la verdad en ningún momento fueron así. No se si será porque soy bastante infantil para mis cosas, pero entiendo perfectamente la petición de las niñitas... Vamos, los conejos son más tranquilos que los renos de Santa!

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