19 de 01 de 2011

Vale la pena vivir 16

Queridas Taconeras:
Las invito a hacer memoria de alguna anécdota que les haya pasado en las vacaciones de verano, yo me acuerdo de un par que me marcaron mucho.

Aquí va una: El verano en que yo tenía nueve años, una amiga de mi mamá, la Molí, me invitó a pasar las vacaciones con ella y sus dos hijas a Pichilemu, un balneario que hoy es famosísimo por las olas, ideales para el surf. Nos fuimos en tren y paramos en todas las estaciones imaginables y por imaginar. La Moly llevaba una bolsa con unos deliciosos sándwiches y bebidas para todos, lo que hizo mucho más llevadero el viaje.
En la estación nos esperaba su marido, se me olvidó cómo se llamaba, pero tenía cara de Roberto. Nos llevó hasta la casa; una cabaña en la mitad de un bosque de eucaliptos. No me acuerdo de nada más, parece que me acosté y caí rendida hasta que a la mañana siguiente la Moly me despertó. Nos íbamos a pasar el día a la playa de la tía Estela, se llamaba así en honor a la hermana mayor de la Moly.
Nunca había visto más preparativos para bajar a la playa que los que hacían en esa casa. En un canasto rectangular, grande y con tapa gigante echaba: huevos duros, sándwiches de pan amasado con queso mantecoso, duraznos pelados y peludos recién lavados y envueltos en servilleta, salero, azucarero, bolsas de té, un tarro chico de café, termo con agua hirviendo, un tarro de leche condensada y una bolsa de manjar y no sé que más. No era lejos, pero eran tantos los bultos que el marido de la Moly nos llevó en su camioneta, estoy casi segura de que se llamaba Roberto, además de los chales, toallas, ropa de cambio, quitasoles. Para mi era casi una mudanza y así fue durante todo el tiempo que estuve en Pichilemu.
No se parecían en nada a otras vacaciones que había tenido, pero prometían ser muy entretenidas. Pasábamos siete horas diarias en la playa, jugando en la arena, haciendo castillos, túneles, buscando conchitas, comiendo huevos duros, caminando por la orilla, bañándonos en el mar, escondiéndonos en las cuevas que se formaban en los roqueríos, yendo a ver los lobos marinos a Punta de Lobos, escuchando a la Moly y sus historias, jugando con las hijas de la Moly, eran más grandes que yo y les gustaba peinarme, yo me dejaba porque no se me enredaba el pelo, aunque lo tenía muy largo.

Así eran todos los días, y al llegar a la cabaña, cada tarde, caía rendida en la cama hasta el otro día.Un día amaneció nublado, no había ningún indicio de que las nubes dejaran pasar al sol. La Molly dijo que nos quedaríamos en la cabaña, jugando en el bosque, comiendo sandía y viendo televisión. Me alegré mucho porque, por lo que me alcanzaba a mirar en el espejo, tenía todo el cuerpo quemado, no me dolía pero mi piel estaba roja.Después de almuerzo a la hija mayor de la Moly se le ocurrió jugar a la peluquería, yo sería la clienta y la otra hija sería mi mamá.
Me peinaron, me hicieron cola de caballo, trenzas y moño tirante, lo único que no les resultó fueron los rulos, tenía el pelo tan, pero tan liso que no me resultaban, ellas no me creían y seguían intentándolo, incluso aunque les conté que mi mamá me ponía tubos la noche anterior para ir a los cumpleaños de mis amigas, con el pelo ondulado.

De pronto la hija menor llegó con unas tijeras en las manos, a la mayor como que le brillaron los ojos. Yo estaba sentada, esperando el próximo peinado cuando la menor me preguntó cuál sería el peinado que jamás me haría. Me quedé pensando, no sabía qué contestar, siempre había tenido el pelo largo y a mi mamá le fascinaba mi pelo así. Decía que me parecía a Rapunzel.

Melena corta le dije. Melena corta, repitió la mayor. Ambas se miraron y se pusieron a reír.

No se cómo pasó, pero de repente vi que parte de mi pelo estaba en el suelo. Me pasé la mano por la cabeza y sí, me lo habían cortado arriba de los hombros. Corrí al baño, me subí en un piso para poder mirarme en el espejo y cuando pude verme, no me reconocí, primero vi una cara café oscura, unos dientes albos, como nunca los había logrado tener en la vida y una melena corta, muy corta. Sólo pensé en mi mamá, en la cara que pondría cuando me viera y me puse a llorar sin consuelo.

No me acuerdo de nada más, en serio, de ahí a verme sentada en el tren viajando de vuelta a Santiago para mí fue como que pasó todo en un día.

Ya no era la misma, pero lo bueno es que el pelo crecería.

7 comentarios

Danii

27 de enero de 2011

Uuu que pena, pero me gustaria saber que pasó desde los 16, cuando metiste a los hombres de por medio

rosit@

24 de enero de 2011

las olas siempre nos juegan una mala pasada ...jijiji pero devo reconoserlo k yo tambien me mate de la risa cuando le paso amy prima

nadia

21 de enero de 2011

jajaja siempre pasan cosas en el verano y es verdad todo cambia despues de cierta edad creo q la pasaba mejor cuando era xik!

Tefi

20 de enero de 2011

Que pena y que dijo tu mama??

karin

20 de enero de 2011

q crueles las cabras chicas XD

elisa vidal

20 de enero de 2011

YOHHA, QUE LINDA HISTORIA,GRACIAS POR COMPARTIRLA CON NOSOTRAS.PERO QUE TE PASÓ DESDE LOS 16 EN ADELANTE? SI TIENES GANAS CUENTANOS YA? UN ABRAZO ELISA

yohha

19 de enero de 2011

las vacaciones siempre fueron lo mejor para mi hasta como los 16 cuando empece a incluir al sexo masculino en mi vida... en una de las vacaciones con mi prima como a los 12 años nos fuimos a unas de las playas que hay en niebla (valdivia) el mayor de mis primos nos fue a dejar y quedamos solas en la playa . tomamos bastante sol y luego entramos al mar , depronto decidimos arrancar de las olas pero no estabamos tan en la orilla,el agua nos tapaba las rodillas. depronto una ola grande venia hacia nosotras y deviamos arrancar antes que rompa y yo no alcanse ... la ola me golpeo la parte de atras de las rodillas y me voto de espalda. tuve la sensacion que estuve en una lavadora por unos 5 minutos... cuando logre estabilizarme quede sentada mirando hacia la playa con la cara tapada con mi pelo ,con arena hasta donde no les podria mencionar , cuando despeje mi cara mi prima en la orilla muerta de la risa y yo tratando de pararme mientras ya venia otra ola . la verguenza mas grande de mi vida, la playa llena y mi prima prefirio reir hasta que se canso antes de ayudarme... jamas me olvido de aquello..... y tampoco de los buenos momentos que pasamos juntas, es la hermana que jamas tuve , y nunca quize. por que ella siempre estuvo para mi.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Lo último