02 de 02 de 2011

Vacaciones, Segunda Parte

Queridas Taconeras: Aquí está la segunda parte de la anécdota que me marcó en unas vacaciones de verano…

La familia de mi mamá siempre vivió en Viña del Mar y su  hermana me invitaba todos los veranos  a pasar una temporada en su casa. Tenía dos hijas, la Pauli, que era de mi  edad y la Caro, cinco años menor. Yo esperaba con ansias esas vacaciones, porque eran divertidas; salíamos a caminar por la Avenida Perú, tomábamos café helado en el Samoyedo, íbamos al cine a ver películas de Adriano Celentano y la Ornella Muti, jugábamos cartas con mi abuela y nos gustaba ir al Sporting a ver las carreras de caballos. La playa era un panorama más escaso, es que en verano no se podía ni caminar de tanta gente que iba, y como ellos vivían ahí, tenían mar todo el año…y a mí me daba lo mismo no ir tan seguido, porque siempre hacíamos cosas que nos ocupaban los días. Caminar solas con la Pauli por los orientes y los ponientes era una de las cosas que más me gustaban. Yo encontraba tan inteligentes a los viñamarinos que no se complicaban buscando nombres para sus calles, los orientes iban para un lado y los ponientes, para el otro y se acabó el problema.

Un verano mis papás no pudieron ir a dejarme a Viña, porque los dos trabajaban, por lo tanto, las posibilidades de que yo partiera con destino  a mis vacaciones, se veían cada vez más lejanas. Después de mucho pensarlo, decidieron que me fuera sola en bus. Mi mamá se coordinó con su hermana, para que me esperara en el  terminal de Viña del Mar, un 7 de enero a las 16:00hrs. Luego de hablar con el chofer largo rato, de dejarme encargada con el ayudante y de mirarme una y otra vez antes de de que me subiera al bus, como contándome cuantos ojos tenía, cuantas orejas, cuantos dedos, ahí recién pude subir y sentarme. Me había dado plata para que invitara a mis primas a tomar  helados, y para  comprarles un regalo a mis tíos y a mi abuela. Ya con eso, el presupuesto se me achicaba bastante, tanto que el día que me tocó volver a Santiago, no me quedaba ni un peso. Luego de que mi tía les avisara a mis papás en qué bus viajaba y a qué hora llegaba al terminal de la Universidad de Santiago, nos subimos al auto y partimos rumbo a la plaza de Viña, desde ahí salían los buses con destino a “mi hogar.”

En esa época  uno viajaba en Tur Bus o en  Pullman Bus, los primeros se tomaban el ala sur del terminal y los otros el ala norte. Todo parecía perfecto. No había dónde perderse, diría mi abuela. Me despedí con un poco de pena, pero ya extrañaba mucho a mis papás así es que era hora de volver. En el último abrazo, mí tía me aseguró que mi papá me iría a buscar a Tur Bus a las  17:30 hrs. Y me preguntó si necesitaba plata para el viaje, escuchando un tímido no de mi parte, nos despedimos y ella me pasó un super ocho para el camino. Sabía que me encantaban, pero yo no tenía nada de hambre y lo guardé. Dormí todo el viaje hasta que desperté justo cuando el bus se estaba estacionando. Me bajé y el auxiliar que ya había sacado mi maleta, me dijo que me cuidara mucho y que su misión terminaba ahí. Yo pensé: “y a mí que me importa, si mi papá me está esperando.”

Miré para todos lados buscando la figura inconfundible de mi papá, pero no lo veía por ninguna parte. Empezaron a pasar los minutos y no aparecía, cuando eran las seis, me empecé a preocupar y una sensación de miedo inexplicable, desconocida para mis 11 años, se empezaba a apoderar de mí. Pensé en llamar por teléfono a mi casa, pero no tenía plata,- ¿Cómo no acepté el ofrecimiento de mi tía?- Por vergüenza tal vez.

Las personas que antes me parecían benévolas, ahora se estaban transformando en grandes monstruos defectuosos, si veía a alguien con  la nariz grande, mis ojos la veían deforme y llena de verrugas, si usaba lentes, yo le veía los ojos ensangrentados y sin pupilas. Estaba empezando a desesperarme, ya eran cerca de las siete y mi papá no aparecía por ninguna parte. De pronto se me ocurrió pedir plata prestada para llamar por teléfono, pero no me atreví. Metí la mano al bolso, por si alguna moneda se había salvado de mis compras compulsivas y no encontré nada, solo estaba el super ocho un poco derretido. Un impulso me hizo ir hasta un kiosco, empujé mi maleta con todas mis fuerzas, pesaba demasiado, pero no me atrevía a dejarla sola. No sé cómo me atreví  a decirle a la señora que atendía, si me compraba el superocho, ella me quedó mirando extrañada, y me preguntó para qué lo quería vender, le expliqué casi llorando y aceptó el trueque. Lo vendí en cien pesos. Caminé hasta un teléfono público y marqué el número de la casa de un hermano de mi abuelo, me atendió su señora, mí adorada tía Nenita.

Le estaba explicando entre llantos mi problema, cuando se me acabó la plata para seguir hablando y un pito, para mi ensordecedor, no me dejó terminar de hablar. Cuando colgué, no me acordaba si le había dicho dónde estaba, no sabía si había alcanzado a explicarle lo del terminal y esas cosas. Me fuí de nuevo al andén y me senté arriba de mi maleta, en un acto de extrema protección de mis pertenencias y pensando que tal vez mi papá, podía llegar en cualquier momento y no me encontraría.

No sé cuanto rato pasó, pero de repente ví a  mi tío Javier caminando del brazo de mi tía Nenita, sentí un alivio tan grande que salí corriendo a su encuentro, dejando botada mi maleta, que tanto había cuidado todo ese rato. Me abrazaron, me limpiaron la cara y cuando estábamos a punto de irnos,  apareció mi papá, estaba como desfigurado, hasta lo encontré más flaco. Me abrazó, me miró y me preguntó dónde estaba, yo le conté todo, que no me había movido del andén más que para vender mi super ocho y llamar por teléfono. Había sido un mal entendido, él estuvo todo el tiempo esperándome en Pullman Bus, sentado, inmóvil por si yo llegaba y yo estuve todo el tiempo esperándolo, en Tur Bus, justo al frente, sólo nos separaba un estacionamiento gigante. El se levantó de su asiento un par de veces para confirmar la llegada de los buses desde Viña y para llamar a mi tía y chequear la hora de partida, pero nunca conversaron en qué bus había viajado y cada uno dio por hecho que el otro sabía. Nos despedimos de mis tíos, les dimos las gracias y caminamos hasta nuestro auto.

Mi papá me felicitó por mi valentía y  por mi ingenio, yo solo apoyé mi cabeza en su hombro, mientras él manejaba camino a nuestra casa…

2 comentarios

marta elisa cortés

06 de febrero de 2011

QUÉ MARAVILLOSO QUE ENCONTRASTE A TU PAPÁ, LUEGO DE ESE SENTIMIENTO DE ANGUSTIA TAN INTENSO !! QUE SEAS MUY FELIZ.. MI PAPÁ FALLECIÓ EN CALIFORNIA;EEUU, A LOS 85 AÑOS EN 2008-LUEGO DE HABER VIVIDO ALLÁ,POR 46 AÑOS !! YO TENÍA 15 AÑOS CUANDO PARTIÓ A EEUU. LO NECESITÉ MUCHO !! SIEMPRE.. Y TODAVÍA LO NECESITO..A VECES LO ENCONTRÉ ;PERO LUEGO SE ME PERDIA POR AÑOS !! AL FINAL LO PERDÍ PARA SIEMPRE.. TENGO TANTAS COSAS QUE CONTARLE..NO DIGO TENÍA ; NO,TODAVÍA TENGO COSAS QUE DECIRLE Y YA NO PUEDO..NO SE SI ME ESCUCHA CUANDO LO RECUERDO !! MARTA ELISA CORTÉS- MENDOZA-ARGENTINA- MARTA.CORTES3@SPEEDY.COM.AR

Cyn

05 de febrero de 2011

Yo me he topado con niños que los dejan encargados de los bolsos mientras llega el bus

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Lo último