14 de 12 de 2011

Vale la pena vivir 34: Ángel de la Guarda

Les quiero contar que ayer salí a dar una vuelta en auto con dos de mis hijas, las quería llevar a conocer un lugar que tal vez, más pronto de lo que imaginamos, se convertirá en nuestro nuevo hogar. Íbamos conversando, formando parte de una larga y lenta fila de autos que avanzaba como en otra dimensión; sin apuros, como antes, cuando nadie vivía acelerado; ningún bocinazo, ninguna mala cara, sólo la alegría de estar a las cinco de la tarde camino a algún entretenido panorama. Hacía calor, pero nos sentíamos felices, sabíamos que en un momento más, pararíamos a comprar un helado y seguiríamos a nuestro destino.

Estábamos así, riéndonos, cantando, conversando, cuando de repente sentí un golpe, un ruido subterráneo, una sacudida y la trompa de mi auto adentro de la maleta del adelante; los fierros se hundieron, se arrugaron, eso era todo lo que podía ver. Me di vuelta para ver cómo estaban mis niñitas, qué les había  pasado; las dos con los ojos brillantes, la cara desencajada y con lágrimas bajando silenciosamente por sus mejillas, la sonrisa tenue que les apareció al unísono, me dejó más tranquila.

Salí del auto a ver cómo estaba la persona a la que choqué, se bajó una señora que tiritaba entera, yo también pero no me había dado cuenta, estábamos nerviosas, pero las dos nos preocupamos más por las niñitas que por nosotras y menos por los autos.

Conversamos un poco, nos dimos los nombres, nos explicamos los hechos; imposible chocar a 40 Kms. por hora, pero así había sido, y su auto quedó como si lo hubieran tirado de un décimo piso. Cuando pude miré la trompa del mío  y lo único que tenía era la patente colgando. Qué vergüenza, pensé. Me habían dicho que la marca había ganado un premio de seguridad, pero no había podido comprobarlo, ni tampoco quería.

Le sugerí a Cristina, que fuéramos al tiro a hacer la constancia en carabineros, que yo tenía seguro, que no se preocupara por nada, que lo mejor era ir juntas para contar las dos versiones de los hechos. Me dijo que bueno, que fuéramos y al  levantar la vista me di cuenta de que  estábamos frente a una comisaría; nos dio risa, cerramos los autos, bueno sólo el mío ya que con el choque le eché a perder el cierre centralizado.

Hicimos la denuncia, contamos los hechos, no hubo ningún desacuerdo y salimos de ahí con la sensación de que todo estaba bien. Nos despedimos, nos dejamos los teléfonos y yo partí con mis hijas al auto que seguía intacto, sin ninguna magulladura. Era cierto, “en este auto, nunca le va a pasar nada”, así me había dicho el vendedor de la automotora.

El auto no partió, otro intento más…tampoco, ¿por si a caso?, nada, y mejor no insistir porque se ahogan…eso lo he escuchado desde que nací. Además que es mi típica pana; dejo las luces prendidas y la batería descarga. Las niñitas se reían, nada nuevo. Me pidieron plata y se fueron a comprar un helado. Yo puse mi mejor cara y empecé a preguntar a los autos que pasaban, si tenían cargador de batería.

El primer auto no, el segundo tampoco, el tercero, creo que tenía, pero le debe haber dado lata, así es que dijo que no y el cuarto: un señor con cara de cura que se estacionó, se bajó, abrió la maleta de mi auto, se puso a buscar la batería, caminaba alrededor como preocupado hasta que me dijo que no andaba trayendo el cargador, pero que si yo lo esperaba, iba a su casa y lo traía.

Qué amoroso me dije y le prometí que no seguiría pidiendo ayuda, que lo esperaría.

Se fue en su largo auto azul marino, mientras que con las niñitas entramos a una verdulería, ellas querían comprar bebidas y yo quería entender cómo ese paquete de betarragas que parecían cultivadas en un invernadero de plantas gigantes, costaba nada más que $400.- Quería que alguien me explicara, por qué esos zapallitos italianos de casi 30 cms de largo costaban $100 cada uno, si yo los compro a $290 y miden 15cm. Alguien me tenía que explicar por qué las cerezas costaban $900 pesos el kilo, si en todas partes estaban a $2.990.- Y si alguien sabía por qué los tomates, rojos, firmes y en su punto solo costaban $500 el kilo.

Sí, compré la verdura mientras mi salvador volvía con el cable. Mientras la señora que choqué iba a buscar a su hija que acababa de dar la PSU, con su auto aboyado, hundido, arrugado. Mi salvador  volvió, el auto no partió, el insistía e insistía, de pronto una de mis hijas me dice: mamá, el cable está roto, le sale humo.

Toda la razón, estaba cortado, se lo dijimos, no entendió, insistió, insistió y tuve que decirle que no, que muchas gracias, que iba a llamar a una grúa. Mi nuevo verdulero salió de su local con olor a campo y me dijo que él tenía un cable “nuevecito, recién comprado” Yo pensé que, qué estaba esperando que no lo traía. Lo trajo. El auto partió. Nos fuimos dando las gracias, haciendo señas, sonriendo, prometiendo volver a comprar verduras. Mi salvador se fue con cara de contento, como si él hubiera arreglado la pana y así se lo hicimos sentir con las niñitas.

Llegamos a la casa, tomé el teléfono para llamar a  mi seguro, la voz latiguda al otro lado de la línea me dijo que yo NO tenía seguro desde septiembre y que No se había renovado, no sabía porqué y que lo sentía porque tenía que volver a inspeccionar el auto y que …

En ese momento vi la cara de la señora que choqué, los tiritones, la angustia, la maleta hecha trizas, mis promesas, mis compromisos con ella, con su auto y se me apareció una imagen que decía : NO TIENES SEGURO.

Si quieren saber cómo sigue esta historia, no dejen de ver el Blog de Taconeras de la próxima semana.

Sólo les puedo decir que tengo un GRAN ÁNGEL DE LA GUARDA.

Que creo en él, que por favor acuérdense del suyo, que todos tenemos uno, que existe y  si no me creen, lean como sigue esta historia.

Un beso

Elisa

6 comentarios

Elisa Vidal

25 de diciembre de 2011

Qué bueno saber que hay muchos angeles dando vueltas por el mundo...en un rato más me pondré a escribir la segunda parte de mi historia, que hasya ahora no puedo creerla...gracias por leer mi blog y por creer en el ANGEL DE LA GUARDA!!!! Hasta más tarde cuando les cuente el final de esta historia.... Un abrazo Elisa!!!

maría angélica

20 de diciembre de 2011

Sólo quiero seguir leyendo, muchas veces he sentido la ayuda del Ángel de la Guarda. . . .

ann

19 de diciembre de 2011

no te imaginas lo reflejada que me siento............ yo también tengo un ángel de la guarda, tiene nombre y apellido, es mi papá biológico, que pese a morir cuando yo era una niña, me envió al hombre que se casó con mi mamá y ha sido un verdadero padre y abuelo, que con sus grandes alas me ha protegido en mis 35 años de vida, y no ha permitido que nada trágico me ocurra y que las cosas malas que me han sucedido sean las mínimas y que pueda salir adelante. noche a noche mi hija y yo le rezamos y le damos gracias por cuidarnos, porque estoy segura que es él, el que me bendice y cuida desde el cielo. te amo papá y gracias por todo......

CONI

18 de diciembre de 2011

Elisa, lei toda tu hisotria y espero leer la segunda parte,enrealidad para todo lo que cuentas, salio todo facil y ligero y que bueno ya que andabas cn tus hijas y en lo posible la idea es no asustarlas y hacerlas pasar por un mal rato. y si tienes un gran angel de la guarda que hiso que todo pareciera simple y facil de solucionar con respecto a tu seguro CARAy , ESPERO QUE EL ANGELITO ALLA ECHO DE LAS SUYAS NO AJAJA XD. todas y todos tenemos un angel..que de donde quiera que este siempre esta ahi , ayudandonos, consolandonos y dandonos tranquilidad. la idea es creer en el.... saludos y me alegro que tengas un buen auto ajaj da el dato jeje y la marca :)

Militza Fica

15 de diciembre de 2011

Que lindo relato a pesar de las cosas negativas esperare ansiosa la otra semana para seguir leyendo :)

Daisy Avendaño Pardo

14 de diciembre de 2011

Que hermosoooo...pero quiero seguir leyendooo >.<!!! quedé con la intriga de saber que pasaa...habrá que esperar...muchos saludoos :)!

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