Estas semanas estoy dando algunos talleres donde me ha tocado abordar diferentes temas,  entre ellos hemos trabajado sobre el aprendizaje, pero no desde los conceptos, sino sobre el aprendizaje que obtenemos de la vida. Aprender algo es cambiar, hacer las cosas de manera diferente a como las hacíamos antes  para desarrollar nuestro potencial como personas.

A partir de estas clases me hice consciente de  que la vida está llena de oportunidades para aprender, si estamos receptivos a ello, y que el dolor es el gran maestro.

Para mí el dolor más grande que experimento es cuando me enojo o cuando me siento herida, ahora me doy cuenta que debajo de eso hay un potente aprendizaje, listo para ser escuchado, habla de las cosas que son importantes y de las que rechazamos  de nosotros mismos que al verlas reflejadas en los demás nos enfurecen o entristecen.

Por ejemplo, cuando no me siento aceptada o querida por los demás, no es otra cosa que mi mismo rechazo hacia quien soy y falta de compresión interna. En esa misma línea podría decir que todas nuestras emociones guardan relación con quienes somos, casi en nada tienen que ver con los demás,  y que el aprendizaje está en dejar de proyectar afuera lo que en realidad está en el interior.

Si alguien me insulta y yo me enojo, ¿quién es responsable del enojo? Muchos responderán que de quien me agrede, pero la verdad es que la responsabilidad es completamente mía, las emociones que experimentamos son responsabilidad de cada uno, por eso si me irrito con alguien, eso habla de mí. No sólo responder a la agresión forma parte de mi campo de acción, sino que antes que eso, enojarme ya es mi responsabilidad.

Es cierto que no podemos controlar nuestras emociones, estas vienen y van, pero frente a la agresión del otro podemos perfectamente “no enganchar” y dejar que pase la persona que me insulta por el lado sin verme afectada, como cuando un niño tiene una rabieta, lo vemos con compasión, nos reímos de él y  de su descontrol, lo mismo pasa con la persona que nos insulta, si la vemos como un enemigo y un agresor estamos reflejando  nuestra propia vulnerabilidad en el.

Lo cierto es que muchas veces somos demasiado susceptibles a los demás y cualquier provocación del ambiente nos saca de casillas, pero esto no es al azar, sino que sucede porque no estamos lo suficientemente bien armados por dentro como para no sucumbir. En ese caso cuando alguien nos agrede podemos simplemente reír y si es con violencia, retirarnos para cuidarnos y ponernos a salvo, pero la ira habla de nuestra agresividad interna y nuestra debilidad, es eso lo que tenemos que aprender a mirar.

No está mal sentir rabia y enojo, el problema está en no aprender de ella, sino simplemente echarle la culpa a quien me insulta y olvidar toda responsabilidad en el hecho, eso es lo bonito del dolor, nos humaniza y llena de humildad y nos recuerda que estamos en la vida para aprender a ser felices.

Un abrazo grande a cada una!

Rosario Matte Covarrubias

Psicóloga, Terapeuta Corporal www.rosariomatte.com