CapÃtulo 23: un nuevo comienzo
Que puedo decir, me echaron de mi trabajo por irme anticipadamente de Colombia, no fui al funeral de Catalina y no he vuelto a ver a Daniel. Arrendé mi departamento y con la indemnización que recibà por mi despido me fui a la playa. Si, ahora vivo frente al mar, respiro aire puro y trato de olvidar cada dÃa lo que pasó.
No ha sido fácil, han pasado ocho meses desde que ella falleció y he tenido que lidiar con el dolor que me causó su partida y el haber arruinado su matrimonio. Amigas me han dicho que no corresponde sentirme asÃ, que yo llegué sólo a sentenciar un amor ya condenado… pero no puedo evitarlo.
Salgo todas las mañanas a trotar con la esperanza de que el mar se lleve mis recuerdos, pero es imposible. Me pregunto una y mil veces cómo estará llevando su vida Daniel junto a su pequeño hijo, cómo habrá sido capaz de salir adelante, si acaso ha pensado algún dÃa en mi o en nosotros…
Si, me ha escrito, me ha llamado al celular, pero no puedo contestarle, es que me resulta imposible; cargo con una culpa demasiado pesada.
Pero no todo ha sido pensar y darle vueltas al pasado. Hace seis meses encontré un nuevo trabajo. Ha sido casi una especie de terapia.
- Un nuevo dÃa y sigues seria, ¿cuándo sabré por qué? –me decÃa siempre Juan.
¿Juan? Si, tengo que contar quién es él. Lo conocà sin saber que era el padre de una pequeña que andaba perdida en la oficina.
- Gracias por encontrarla –fue la primera frase que cruzamos.
- Es hermosa – manifesté.
- Se llama Catalina.
Palidecà cuando pronunció ese nombre. Respiré profundo y traté de que no se me notara la desazón.
- ¿Se llama como la mamá? –pregunté no sé bajo qué motivación.
- Si, ella falleció.
- Lo siento mucho –repliqué.
Era demasiada la coincidencia. Juan tenÃa siempre una sombra sobre sus ojos, entendà entonces que era la tristeza de haber perdido a la mujer que amaba. Su historia me conmovió, y quizás era por las similitudes que tenÃa su vida con la mÃa, o por lo menos, con los restos que quedaban de ella.
- Insisto, siempre estás muy seria –me dijo la otra mañana…
No sé por qué pero Juan me inspira confianza. Ayer me pidió que lo acompañara a comprarle un regalo a su pequeña y pudimos conversar más allá del horario laboral. Me contó que su esposa murió de cáncer de mamas y me explicó lo difÃcil que ha sido retomar su vida junto a la niña.
- ¿Qué le voy a decir cuándo crezca?, ella no guardará ningún recuerdo de Catalina, ni siquiera sabrá como era su sonrisa.
- Pero sabrá que siempre has estado a su lado. Y cuando sufra porque su madre no vive, allà estarás para abrazarla. Piensa eso –le contesté.
Cada vez que lo observaba me recordaba a Daniel. Él también estarÃa viudo, sólo con su pequeño, pensando en cómo responder tantas preguntas.
Juan se ha convertido en un buen amigo, pero aún no me he atrevido a contarle sobre mi pasado.
- Aún no estás preparada y lo entiendo –me dijo hace poco- yo también guardo un secreto.
Eso me llamó la atención. Pero dándole vueltas al asunto, decidà que era injusto que solamente él me abriera su corazón.
- Este sábado te llevaré a un lugar muy importante.
-¿Dónde?
- Sólo te diré que es en Santiago.
Juan no hizo más preguntas y partimos muy temprano este domingo. Si, lo llevé a ver a Catalina, a mi Catalina. Consideré que era el mejor lugar para explicarle el hecho que ha marcado mi vida durante los últimos ocho meses. Fuimos en mi auto, mientras manejaba me observaba intrigado. La pequeña iba atrás muy callada.
- No quiero ser entrometido, pero, ¿de qué se trata todo esto?
- Nada en especial – le expliqué- llegó la hora de que conozcas a la verdadera Francisca. Y vas a entender por qué tú y tu hija llamaron tan poderosamente mi atención desde que los conocÃ.
Entre nosotros sólo hay lo amistad. Siento un cariño especial por él y su historia.
- ¿Me trajiste a un cementerio? –me comentó una vez dentro del parque.
- Necesito que conozcas mi otra mitad, esa mitad que quise enterrar cuando escapé a la playa.
Me acomodé el pelo, me agaché a abrocharme un zapato y lo vi. Daniel estaba junto a la tumba de Catalina. ¿SerÃa acaso una señal?
Próximo fin de semana último capÃtulo.






Me ha gustado esta historia, ahora esperando el último capÃtulo.
Jeje, como final no vaya a ser que Juan es el verdadero padre del hijo de Catalina.
Besos
Noooooo, que pena que termine esta historia!!!
tan rapido le buscan un final? pff, que fome
hola Cynthia he leido tus historias te dire me han gustado TODAS pero siento que con esta paso algo tomo un giro tan extraño que aun no me creo que el próximo sea el final
En una edición publican una nota de Marlen Esparza. Están seguros q ELA nació en Pasadena C.A.. según otra revista público q esde Pasadena Texas? Cual ES LA REAL INFO.