05 de 11 de 2012

¡Choqué con un Meteoro!


Cada experiencia sirve, nos devuelve algo perdido y nos prepara para lo que se viene.  ¡Valora cada paso dado!

Arany quería alcanzar el cielo. Y un día se lanzó a la conquista del espacio. Para ello se preparó lo mejor  posible y emprendió velozmente esta nueva aventura.

Ciertamente, este inédito viaje, le produjo mucho entusiasmo pero también incertidumbre, que sólo logró minimizar después de confirmar que todos los sistemas de la nave estaban bajo su control y funcionando en perfectas condiciones.  Sin embargo, cuando ya estaba acercándose a la Exosfera, sobre los 500 kilómetros de altura, observó que en su misma trayectoria, se aproximaba a toda velocidad un meteorito, aparentemente inofensivo… Resultado, una explosión cósmica que dio origen a un fenómeno luminoso jamás visto.

El meteorito y Arany cayeron a la tierra. No se sabe cuanto tiempo pasó antes de que ella recobrara la conciencia pero fueron meses, tal vez años…

Un día Arany abrió sus ojos. Al principio todo era  borroso. Además su cuerpo le dolía intensamente y se sentía confundida, desconcertada: “¿Qué pasó?, ¿Dónde estoy?…¿Dónde está mi nave?…¿Estoy VIVA? ¡¡¡SI Estoy VIVA!!!  ¡ESTOY VIVA! Y esta frase comenzó a repetirla una y otra vez hasta que pudo ponerse de pie. Miró su cuerpo. Sus manos, Sus piernas. Sus pies. Levantó su cabeza. Y ¡¡¡Allí estaba el meteoro y lo más curioso, aún liberaba humo e irradiaba energía.

¿Habrá algo en su interior?… Después de darle vueltas un rato Arany  finalmente decidió acercarse a la erosionada piedra.

Puso una mano en su superficie y notó que estaba muy tibia y que en algunas zonas la porosidad de la roca se volvía suave, aunque había grietas muy profundas.

“¿Qué habrá en su interior? Arany comenzó a mirar las grietas pero no lograba ver…¿Hay algo? …esperó un rato. Y volvió a mirar…

Arany se recostó sobre la enorme y cálida piedra.  Desde ahí vio como cayó la noche, y esta vez, el cielo con sus miles de estrellas, se reflejó en la superficie del meteoro. Ya no había puntos de referencia… “Todo se ve igual, es lo mismo”. Perdí el rumbo. ¿Qué voy a hacer?  … y se volvió a contestar: “Tú ya no eres la misma, sólo pon un pie delante del otro”…

 

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