18 de 01 de 2013

El secreto de Silvana: capítulo 1

- ¿Sabes que esta nota es un bodrio, cierto? Me imagino que ya estarás pensando en cómo la vas a rearmar, porque jamás publicaré un texto como este. Eres una idiota, ¿cuándo se me ocurrió contratarte?

-Si quiere entrevisto a otras fuentes.

- ¿Sabes qué quiero?, quiero que te vayas de esta oficina, te necesito fuera de mi vista Natalia.

- Pero señora Silvana…

- ¿Señora Silvana?, ubícate mujer, ¿qué crees? Te tengo noticias, hace semanas que se te acabó el fuero maternal así que te puedes ir al carajo; estás despedida. Y hazme el favor de aprender a escribir, así jamás encontrarás otro trabajo. Ah, otra cosita, no me pongas en tus referencias, ¿quieres?
Natalia  se retiró rauda de la oficina, sin poder ocultar el llanto. Mientras, Silvana no paraba de gritar.

-    ¡Sofia!, ¡Sofía!

-    Si Silvana, dime.

-    Necesito que tramiten el finiquito de Natalia y que de inmediato abras un nuevo concurso, me urge reemplazarla cuanto antes. Y que sea hombre, por favor, no quiero más tontitas preñadas en esta oficina, sólo hacen gastar tiempo y plata. ¿Comprendes?

-    Si Silvana, como gustes.

-    Eso si –siguió la mujer, ya más calmada- trata de que no se note que buscamos hombres, no quiero a nadie acusándome de discriminación o de machista. ¿Estás clara?

-    Si Silvana.

Obsesiva, maquiavélica a ratos, pedante, manipuladora y sagaz, así era Silvana Montero, la editora general del semanario más importante del país, el único que hacía temblar a los políticos y famosillos de la televisión, a las autoridades de gobierno y a los empresarios; y también a uno que otro candidato a La Moneda. Tenía miles de amigos, cientos de contactos, algún libro sobre cómo hacer periodismo y una columna personal. Nadie se atrevía siquiera a hacerle una pregunta ni a cuestionarla, para ello lucía en la pared de su oficina ese premio de aquella empresa tan popular. Sin embargo, todos hablaban a su espalda, algunos se reían de lo espectacular que se consideraba, pero a Silvana no le importaba, su ego era lo suficientemente grande para acallar cualquier rumor.

-    Y cancélame todas las citas y reuniones, me  voy en unos minutos.

-    Pero son recién las doce y vienen…

-    No me importa Sofía, tu sabes que hoy…

-    Si Silvana, hoy es 15 de enero.

-    Estaba segura que entenderías. Y recuerda, mañana quiero a todos esos periodistillos haciendo fila.

-    No te preocupes.
Silvana se acomodó su larga cabellera colorina, se miró en el reflejo de la ventana, tomó su cartera y salió. Aún se escuchaba el ruido de sus tajos alejándose, cuando Andrea –una de las periodistas- se acercó apresurada hasta Sofía.

-    ¿Qué se cree esa bruja mal nacida?, despedir a Natalia así sin más…. Y con su guagua chiquitita.

-    La historia de siempre Andrea, qué le vamos a hacer.

-    Como si ella fuera la mejor periodista…. Tiene premios, si, pero eso no significa nada, no es una buena colega, no es capaz de ponerse en el lugar del otro. Sólo ve por ella y los intereses de la empresa.

-    Yo creo que esa es sólo una careta –precisó Sofía convencida- a veces tiene actitudes que me demuestran que no es una mala persona. Tiene sus secretos.

-    ¿Secretos?, si está más sola que un dedo –sonrió Andrea- nadie la quiere, es una solterona de 35 años sin perro que le ladre. ¿Y a dónde se fue ahora?, es raro que deje el trabajo botado.

-    Desde que soy su secretaria, cada 15 de enero cancela todas sus citas, se va en la mitad de la jornada y no regresa hasta el día siguiente. No sé a dónde va ni qué es lo que hace, no me permite administrarle la agenda. También apaga su celular y no contesta ningún correo electrónico. Me dice que aunque truene o relampaguee, jamás debo molestarla.

-    ¡Qué raro!

-    Si, es extraño.
Silvana bajó hasta el piso menos cuatro, subió a su mini y colocó aquella canción de Joe Esposito, esa que él le cantaba al oído.

-    Lady, lady, lady, lady, don’t walk this lonely avenue…

-    Esa canción es muy vieja Mateo, ¡la bailaba mi mamá en el liceo!

-    ¿Y qué quieres que haga?, cada vez que la escucho me acuerdo de ti.

-    Eres un loco, un loco lindo.
Silvana sentía como si hubiese sido ayer cuando Mateo le insistía en que esa era la melodía más romántica de los ochenta. Subió el volumen del reproductor y condujo directamente a aquel lugar donde cada 15 de enero iba a dejarle una rosa azul al hombre que más había amado en la vida.

-    Mateo –susurró agachada sobre la solitaria tumba- ya estoy aquí. Siempre me pregunto si eres capaz de verme, espero que no, no soy la misma mujer de hace quince años… he cambiado. Pero ese es un secreto entre tu y yo, me moriría de vergüenza si fueras testigo de lo que me he convertido. A veces me arrepiento, pero ya no puedo volver atrás; soy el reflejo de las heridas del pasado.

La placa del joven fallecido en 1998 comenzó a llenarse de ínfimas lágrimas. Y ya empezaba a anochecer.

9 comentarios

k

25 de diciembre de 2013

Buenisima

yerys

10 de octubre de 2013

El capítulo 2 para seguir la novela

yerys

10 de octubre de 2013

Está interesante me gusta...

yerys

10 de octubre de 2013

Está interesante me gusta....

yerys

10 de octubre de 2013

Me gusta está interesante....

Vanidades > El secreto de Silvana: capítulo 3

01 de marzo de 2013

[...] se perdieron los primeros capítulos, aquí el primer y segundo. [...]

Gabriela

21 de enero de 2013

que buena historia, ya quiero leer el segundo capítulo

Paola

18 de enero de 2013

CarolM que daniela??? jajaj leiste? Que entrete la historia, eso si como que la forma en que la cuentas es como el libro "las chicas de alambre" y por eso me gusta ;)

CarolM

18 de enero de 2013

Quien es Daniela? Apareció de la nada!

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