15 de 03 de 2013

El secreto de Silvana capítulo 4

Mario estaba decidido a buscar quién era Francisco Torres y si acaso estaba relacionado con aquella repentina actitud de Silvana. “Fue una relación de universidad, nada más que eso”, le había señalado ella en la oficina. “No le creo”, se susurraba una y otra vez en su cabeza el avezado periodista. Entró lentamente al oscuro pasillo central de la Biblioteca Nacional, tan imponente como misteriosa. Ingresó al sector de los diarios de antaño y trató de indagar en los hechos sucedidos en Valdivia durante 1998. Allí estaba el periódico local, quizás con ese tendría más suerte.

“No encuentro nada de ese tal Francisco Torres”, pensaba. Pasaron más de tres horas y no tuvo éxito. “Quizás son tonteras mías”, continuaba en su mente. Tomó su bolso, devolvió los diarios y se retiró del lugar. Se sentía un poco estúpido por todo lo que estaba haciendo, tal vez, Silvana no ocultaba nada del otro mundo, quizás, sólo era una mujer dura y obsesiva por esencia. ¿Acaso no podía aceptar eso? “No”, divagó. Aún creía que  había alguna situación de su pasado, algo importante que ella no quería dar a conocer, sino, ¿por qué aquella desmedida reacción?, ¿y la confesión que le había realizado a Sofía?

Caminó hasta un café cercano, se sentó y pidió un capuchino. Mientras esperaba revisó un e-mail en su celular. Sintió en su cuello que alguien lo observaba con detención. Al principio no quiso voltear, pero la curiosidad fue más poderosa.

- ¿Silvana?, que tal –dijo sorprendido

-¿No deberías estar trabajando?

-Si, es que…. –contestó dubitativo- tenía que reportear unos antecedentes que me llegaron y quería también revisar algunas cosas en el computador….

- No te preocupes, no me interesa. Mientras hagas tu pega bien.

- ¿Hablas en serio?

-Si

- Al parecer no eres tan ruda como te pintan, “fiera”…

- ¡Te he dicho que no me digas así! –aseveró Silvana molesta-no sé a quién se le ocurrió ese maldito apodo, lo odio…. -¿Quieres venir a mi mesa?, acompáñame –le señaló a Mario tras una pausa algo incómoda.

- Como gustes.

Algo estaba sucediendo. De pronto, Silvana se aparecía ante Mario como una mujer comprensiva, lejana a aquella figura déspota que había conocido en un principio y de la que muchos hablaban.

- ¿Qué te pasa? –interpeló Mario, casi como una conclusión de todo lo que había estado reflexionando.

- ¿Por qué?, ¿acaso no puedo ser amable?

- Al parecer no

Silvana lo observó nerviosa. Ni ella misma entendía el por qué de su actitud con Mario. Un periodista recién llegado, que, más encima, había tenido la osadía de enfrentarla y restregarle aquel pasado tan oculto que quería olvidar. Al que también le había mentido respecto al supuesto Francisco, ¿acaso iba a decirle que la verdadera causa de su sufrimiento era Mateo?, ¿y por qué iba a tener que confesarle ese terrible secreto? No era justo, pensaba, convenciéndose de que había actuado correctamente. - Cuéntame más de Francisco –interrumpió Mario.

- No quiero hablar de eso, no entiendo para qué insistes. ¿Por qué te llama tanto la atención mi pasado?, es una estupidez. Comencé a inquietarme luego de aquella extraña reacción tuya, tan desproporcionada, ¿no te acuerdas? Si, pero yo siempre actúo así. ¿O acaso no tienes claro por qué me han puesto ese idiota sobrenombre? ¿Ves? –cuestionó Mario sonriendo- lo reconoces.

Ambos soltaron una carcajada, carcajadas que se fueron repitiendo casi semanalmente, cada viernes, incluso, después de largas horas de trabajo. La relación entre ambos se volvió más estrecha cada vez. Ninguno sabía advertir por qué, simplemente, se sentían bien estando juntos.

- ¿Nunca me vas a hablar de Francisco? ¡Pero qué majadero Mario!, no insistas, “lo que no fue en tu año, no fue en tu daño”. ¿Y ese dicho? Es de mi abuelita. Sabias palabras.

Volvieron a reír. Silvana se sentía una persona distinta cuando estaba con Mario, de pronto, todos aquellos dolorosos quince años se volvieron una sustancia más sencilla de tragar. El recuerdo de Mateo seguía patente, aunque ya sin tanta angustia. Por alguna razón ya no era la misma mujer ruda de siempre, bueno, al menos con él.

- ¿Qué me hiciste? –le preguntó Silvana.

- ¿Por qué?

- Yo antes solía ser…

Mario le tomó las manos, se acercó y la besó.

- ¿Sabes?, me gustas mucho –le dijo casi al instante. Hay algo en ti Silvana, no sé qué, que me llama a querer seguir conociéndote, a descubrirte. Ya ves que he encontrado a una mujer mucho más humana de lo que creía. ¿Es un piropo? –cuestionó ella irónica. Yo creo que si….

Se besaron nuevamente, pagaron el consumo y salieron a dar una vuelta en una plaza cercana. ¿Nunca me vas a contar ese secreto con el tal Francisco?

- Pero, ¿para qué quieres saber Mario….? Bueno, tal vez algún día, pero no me presiones. ¿Por qué no me cuestas de ti?, no sé prácticamente nada de tu familia, ¿tienes hermanos?, ¿papás?, ¿hijos?

- ¿Hijos? –sonrió- nada que ver. Mis padres viven aún en Valdivia y tengo una hermana que reside en Suecia. Se casó hace un tiempo.

- Ah, entonces se quedará a vivir allá.

- No lo sé, se casó con un chileno. Quizás regrese en algún momento.

-¿Y tienes sobrinos?

- Aún no. No sé por qué, pero ese tipo me da mala espina. Ni siquiera lo conozco, pero…

En ese instante sonó el celular de Silvana. Ello lo observó ágilmente; era un correo electrónico con el asunto “urgente”.

- Lo siento, debo irme.

- No te preocupes. Yo voy luego a la oficina. Sé que no quieres que se entere todo el mundo.

Silvana le cerró el ojo derecho, lo besó en los labios y se alejó rauda. Mario iba a levantarse cuando una mujer desconocida lo abordó.

- ¿Mario Traverso? Si, respondió él intrigado, ¿nos conocemos de alguna parte? Puede ser de la televisión, yo…

- No, no, ¿estudiaste periodismo en Valdivia?

-Si.

-¿No te acuerdas de mi?

-No –titubeó- la verdad es que no.

- Estudie contigo en la escuela, ¿en serio no te acuerdas? Es que yo estuve sólo unos meses en Valdivia. Luego me fui a España. ¿Quién eres? –consultó Mario al sentir que le entregaba demasiada información a una desconocida.

- La Vero, ¿en serio no te acuerdas de mi?, tu estás igual –indicó la mujer con mucho desplante- y alcancé a ver que estabas con Silvana, por Dios, cómo ha cambiado esa mujer después de todo lo que le pasó.

- ¿Todo lo que le pasó?

- Claro. La muerte de Mateo la dejó muy mal, se dice incluso que ella enloqueció un poco, que vagaba sola por las calles…

Mario estaba atónito, ¿Mateo se llamaba entonces el hombre de la larga barba?, ¿ese era acaso el sufrimiento que ocultaba Silvana?

- ¿Vagaba sola por las calles?

-Si, pero nunca supimos nada porque ella se vino a Santiago. Lo único cierto, es que Mateo Torres murió trágicamente, sumiéndola en una profunda depresión. ¿Acaso no sabías?, ese asunto marcó la universidad por un tiempo… Mateo era dirigente estudiantil, fue todo muy terrible.

Mario tomó sus cosas y partió a la biblioteca. Averiguaría quién era Mateo Torres y cómo había fallecido.

“¿Por qué me mintió?”, se susurraba una y otra vez.

 

 

 

 

 

 

3 comentarios

Valery

27 de marzo de 2013

Qué pasa con el capítulo n°5???

Gabriela

16 de marzo de 2013

esperando el 5 capítulo. Un abrazo

Valery

15 de marzo de 2013

Que intrigante!!! siempre sigo estas historias, son muy entretenidas! Gracias!!!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Lo último