29 de 03 de 2013

El Secreto de Silvana, capítulo 5

Mario se obsesionó con investigar quién era Mateo Torres, el falsamente llamado Francisco. Aún no entendía por qué Silvana le había mentido, incluso ahora, que compartían un sentimiento más allá de lo laboral. ¿Acaso tenía miedo?, ¿qué oculto secreto guardaba su pasado?

Solicitó nuevamente aquellos viejos diarios de 1998. Buscó afanosamente sin éxito. Llegó a su departamento desilusionado. Revisó en internet, aunque no encontró nada.

Apenas pudo dormir, pese a que todos los días se sentía más cansado de lo esperado. Se levantó a primera hora, se excusó en el semanario y partió nuevamente rumbo a la biblioteca. Revisó cuidadosamente cada página de los oscuros y tiñosos periódicos viejos. Hasta que se detuvo en la portada del mes de julio. Entonces su rostro cambió de expresión. Sacó decenas de fotocopias, las echó en su bolso y abandonó el lugar.

Tomó un taxi y se dirigió al semanario. Subió corriendo las escaleras hasta la oficina y decidió encarar a Silvana. Ella se percató que algo le sucedía.

- ¿Por qué me mentiste? –le espetó Mario aturdido.
- ¿De qué estás hablado?, respondió ella inquieta
- De Valdivia, de 1998… de Mateo Torres.

Silvana no pudo ocultar su asombro. Sintió un fuerte dolor de estómago y sólo atinó a pegarle una cachetada. Mario dio la vuelta y salió del recinto. Ella, aún sin saber el por qué de su reacción, decidió seguirlo. Él ya había tomado el ascensor; y, entonces, para ella la espera fue eterna. Silvana no podía contener sus emociones y bajó corriendo las escaleras. Se encontraron abajo, en medio de la calle.

- ¿Qué te pasa Mario?
- ¿Qué te pasa a ti?, ¿qué sacabas con mentirme?, ¡pensé que teníamos algo! –insistió Mario, mostrándole las fotocopias de los diarios – ¿no sabes qué es esto?, ¿te suena un 16 de julio de 1998?

Silvana cayó en desesperación y quiso arrebatarle los documentos. En eso, y en un lapso no mayor a los cinco segundos, empujó a Mario hacia la calle, instante en que rápidamente pasó un vehículo. Su cuerpo se golpeó contra el suelo, la sangre corrió hasta la acera.

Los curiosos se agolparon en la avenida. Las ensangrentadas fotocopias se volaron con el viento y Silvana no dejaba de susurrarse su culpabilidad, y pensaba una y otra vez en que no perdería por segunda vez al hombre que amaba. Y las lágrimas le brotaban casi infinitamente por los ojos. De hecho, sólo por inercia se subió a la ambulancia y acompañó al malogrado Mario, quien yacía inconciente; casi muerto.

Se la llevaron a un cuartucho blanco lleno de estanterías y con olor a alcanfor. La examinaron, le tomaron la presión, le dieron unos calmantes, mas ella no podía dejar de llorar. Entonces apareció en el cuarto un hombre gordo y barbudo, con unos penetrantes ojos celestes y el rostro lleno de esas huellas que sólo quedan con el tiempo.

- ¿Es usted familiar del paciente Mario Traverso?
-Soy su jefa –sentenció Silvana escuetamente.
- Necesito contactarme con su familia.
- ¿Qué pasó? –cuestionó ella al momento que se levantaba de la camilla- ¡dígame doctor!, ¿Mario está muy grave?, ¿se va a morir?
-El accidente no dejó grandes secuelas, se recuperará. Sin embargo, hemos descubierto en sus análisis una enfermedad no menor.
Silvana sentía que su cuerpo se desprendía en cientos de pedazos
- Mario tiene Leucemia. Necesita un trasplante de médula ósea cuanto antes.

4 comentarios

val

04 de abril de 2013

no la he leido toda,pero me emocina y quiero saber el fin

El Secreto de Silvana, capítulo 5 | SPA Maria

31 de marzo de 2013

[...] El Secreto de Silvana, capítulo 5 Publicado en marzo 31, 2013 por admin — Sin Comentarios ↓ [...]

paola

30 de marzo de 2013

q pena! espero q salga luego el prox capitulo

Maria Jose

29 de marzo de 2013

:o ! que cruel... ya quiero saber más !!!

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