10 de 06 de 2013

Inspira Profundo

grancentral

Cada viaje es distinto y diametralmente opuesto, manipulando una sola variable: El Tiempo. Antes andar en metro era lo mejor. Uno se subía en horario punta y era un agrado mirar alrededor sin que ningún cuerpo intimidara tu ángulo de visión.

También se podía caminar y respirar libremente, hasta el final del vagón, sin pasar a llevar el metro cuadrado del otro. Hoy todo lo anterior, es un lujo en horario de punta, y ese límite que era tu zona segura, confortable e inquebrantable desapareció.

No existe una unidad de medida que logre reflejar la distancia mínima entre un cuerpo y otro. El espacio se llena rápidamente por personas que parecen piezas de un gran puzzle o son verdaderos lego que a medida que ingresan al vagón se van acomodando como pueden.  Tu nariz choca con la nuca de un otro. Ese otro respira casi en el hombro de un desconocido. El desconocido trata de hacerle el quite a una mujer, que lo mira con cara de furia, cuando guarda una de sus manos en el bolsillo de su pantalón.

Y me quedo con esta última palabra “pantalón” porque se me viene a la cabeza la imagen de ponerme uno bien apretado, cada vez que las puertas del metro se cierran delante de mí. Debo inspirar profundo para no quedar fuera. Es la misma sensación que uno experimenta al ponerse el antiguo jeans regalón. Da la impresión que en cualquier minuto va a reventar a medida que el cierre sube hasta las caderas, incluso aún cuando estés recostada en la cama. ¡Qué haría uno sin la elasticidad de la mezclilla!

Si vieron la película Come Reza y Ama se graficarán la escena. Liz invita a su amiga Sofie a Nápoles a comer pizza margarita con doble ración de mozzarella y después deciden probarse jeans…que yo sepa nadie se ha muerto por inspirar profundo y apretujar michelines… aún no. Todavía no. Sin embargo, si es agobiante inspirar profundo y que te apretujen tus michelines en el vagón del metro.

 

 

1 comentarios

Valery

10 de junio de 2013

Es un verdadero desastre andar en metro hoy en día. Como bien dices tu: antes era casi un lujo, hoy las cosas cambiaron y para peor. Llego todos los días estresada a la oficina porque hasta las costillas son de goma, y no faltan las personas que en pleno horario punta suben con carros, bolsos, maletas... Noo mal.. Extraño esos días donde podías mirar el paisaje camino a la casa, ver rostros, leer un libro...

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