07 de 05 de 2014

Seguir tu verdadera vocación

Tenemos que tener en claro que la elección de una carrera es un tema bastante relevante y complejo para cada joven, ya que en esta elección influyen numerosos factores de identidad, sociales, monetarios, familiares, etc, que no solo repercuten en el estudiante, sino que además en sus padres y todo su entorno, lo que hace que la mayoría de las veces esta decisión se vuelva bastante difícil.

Frente a esta situación, a muchos de los jóvenes que me visitan en la consulta por orientación vocacional les pido que se contacten con su infancia, y luego de un breve momento, les pregunto a qué jugaban cuando niños, cuál era su juego favorito y qué querían ser cuando adultos.

Hago este ejercicio ya que otorga verdaderas pistas a los estudiantes para contactarse con su real vocación, que puede verse teñida en los siguientes años escolares por juicios, estigmatizaciones, o las expectativas de los padres sobre el futuro del joven.

En la infancia actuamos de manera más pura y libre, nos mostramos al mundo sin caretas, con la ingenuidad propia de esta etapa, por lo tanto es en este momento donde hay que buscar nuestra verdadera vocación, alejado de todo prejuicio social o temor. Es en este lugar donde habita el verdadero propósito de nuestra vida.

Otra pregunta que les hago a los estudiantes para encontrar su vocación es saber qué actividad disfrutan más en la vida, qué es lo que les hace vibrar, sentirse como en otro planeta.

Una vez que lo identifican, pensamos cómo se puede llevar esta actividad a una carrera profesional, ya que lo más probable es que si la cultivan se transforme en su verdadera vocación , ya que tiene el componente esencial que se necesita para seguir un camino de éxito: la pasión.

Ese es el motor que va a mover al joven para superar las dificultades del futuro propias de la vida universitaria y laboral, las aptitudes y habilidades se pueden desarrollar, sin embargo la motivación y persistencia que contiene la pasión por algo que se hace con todo el ser (no solo con el área intelectual, sino también con las emociones, el cuerpo y la espiritualidad) es algo que no puede aprenderse, va inherente a todo ser humano.

Pienso que todos tenemos dones extraordinarios y únicos, el problema es que solo algunos tienen la valentía de contactarse con ellos, sacar los prejuicios que traen consigo y entregarse a la aventura de ser ellos mismos, creo que si cada uno de nosotros sigue su vocación, este mundo sería un lugar realmente extraordinario.

Rosario Matte Covarrubias
Psicóloga – Terapeuta Coporal
www.rosariomatte.com

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