05 de 02 de 2018

La princesa Margarita vuelve a escandalizar

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A 15 años de su muerte, sale a la luz un libro en el que se revelan datos de la vida de la rebelde y apasionada hermana menor de la reina Isabel II.

Renunciar al amor para cumplir con los cánones reales y políticos, rendirle obediencia a los hermanos mayores y someterse a sus decisiones hasta perder por completo cualquier poder de decisión, son algunos de los altos costos que pagan los royals. La princesa Margarita de Inglaterra es un ejemplo, y es que tuvo que sacrificar su relación con Peter Townsend, director adjunto de la casa real a quien conoció en 1950 y se enamoró de él. Ser mayor que ella, divorciado y padre de dos hijos, fueron motivos para que el caballero no fuera el mejor candidato para la hija pequeña del rey Jorge VI.

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Una sátira del siglo XX 

A 15 años de haber dejado este mundo, un libro sale a luz para develar detalles de su vida que pusieron en jaque a la Corona británica. Ma’am Darling: 99 Glimpses of Princess Margaret, de Craig Brown, editado por HarperCollins Publishers, revive las aventuras de una princesa rebelde que siempre se jactó de su posición privilegiada: “Soy única. Soy la hija de un rey y la hermana de una reina”. Los excesos, los amores de una noche y las infidelidades hicieron de ella un personaje adelantado a su época que, tras renunciar al amor, transgredió las reglas establecidas.

La entonces llamada “princesa triste”, rompió con todos los protocolos, se dejaba ver en fiestas y llegaba a perder el control a consecuencia del alcohol que consumía; de hecho, circulaba el rumor de que retenía las cámaras a los fotoperiodistas, a quienes les daba acceso a sus celebraciones para que no pudieran retratar evidencia de cuando se subía a bailar embriagada sobre la mesa. El autor apunta que quienes la conocieron le han hablado de un juego, el cual compartía con personas que tenían hijos; les preguntaba cuál había sido la primera palabra que habían aprendido a decir sus niños, la mayoría de las veces se trataba de “mamá” o “perro”, pero ella gozaba al asegurar que la de alguno de sus hijos había sido “candelabro”, nada sencilla de pronunciar para un bebé.

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No le gustaba perder y Craig Brown lo registra: un día, en una reunión en la que jugaba a adivinar el nombre de distintos elementos, uno de ellos era una sopa llamada Mulligatawny, la princesa respondió que tan solo se llamaba “sopa de curry”, pero al ser evidenciado su error perdió el control y arrojó la tabla de juego. Compartía una característica con su cuñado Felipe de Edimburgo: su facilidad para hacer comentarios imprudentes que, de manera voluntaria o no, resultaban ofensivos. Como en aquella ocasión en la que se dirigió al arquitecto (quien sufría de una discapacidad) que trabajó en la remodelación del castillo de Glamis: “Escuché que arruinaste el antiguo hogar de mi madre”. Y remató con otra pregunta: “¿Alguna vez te has mirado en el espejo y has visto tu manera de caminar?”.

¿Una hermana vengativa? 

La negativa a que se casara con Peter Townsend fue tomada de mutuo acuerdo por la reina Isabel II y la Reina Madre con la aparente intención de que Peter no le hiciera daño. Aunque las condiciones estaban dadas para que se casara por el civil, su hermana mayor la guió a cumplir con su deber real de no hacerlo con un divorciado. Y aunque ambas habían sido criadas para amarse, sin importar las circunstancias, desde pequeñas existió una discreta rivalidad que aumentó con la cancelación de la boda y se extendió hasta la llegada de Diana a la familia real. El autor comparte que la princesa Margarita siempre tuvo una relación cordial con ella, fue quien más la apoyó para sentirse cómoda en su nueva posición; cuando las diferencias entre Diana de Gales y Carlos de Inglaterra empezaron, la princesa Margarita se convirtió en una ferviente admiradora de Lady Di y solía disfrutar la manera en la que enfrentaba al príncipe de Gales.

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“Ma’am”, como exigía que le llamaran sus amigos, nunca fue una persona fácil. Isabel II era una reina, y Margarita, en cambio, tenía que conformarse con ser la hermana menor. Aunque, a decir verdad, la princesa siempre ocupó un lugar especial en el corazón de sus súbditos y trascendió su entrañable recuerdo como la “Princesa triste” que no supo recuperar su felicidad.

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