Publicado por Virginia Palazzi bajo Artículos el 8 de Marzo de 2010.

¡¡¡¡Felicidades Mujeres!!!! En el día Internacional de la Mujer no podía dejar de saludarlas y decirles: ¡Adelante Taconeras, siempre se puede salir adelante! No en vano, hemos sido reconocidas científicamente como el género más fuerte, aunque la brutalidad y la musculatura del sexo opuesto pueda a veces llevar a pensar lo contrario. Pues la fortaleza nada tiene que ver con esto, sino con la valentía, la creatividad, la perseverancia y la esperanza con la que las mujeres enfrentamos la vida.
Por eso hoy, más que nunca quiero dejarles un compilado de frases célebres, una recopilación de palabras escuchadas, leídas y regaladas, que con sabiduría reflejan todo eso que las mujeres llevamos dentro, pero más que nada hablan de nuestra fortaleza interior…
Las mujeres necesitamos fuerza para:
Entender que cuando llegamos a la edad suficiente como para tener la cabeza bien plantada, el resto de las cosas comienzan a caerse.
Asumir que cuando finalmente los hijos dejan el hogar para liberarnos de algunas obligaciones, no tardarán en llegar los nietos para ocupar su lugar.
Deducir que cuando nuestros maridos regresan temprano del trabajo con un ramo de flores es porque fueron despedidos.
Descubrir que cuando la mujer delgada que hay en nuestro interior grita por salir resulta más fácil callarla con chocolates que escucharla.
Defender a muerte la idea de que las mujeres sí podemos hacer dos cosas al mismo tiempo como por ejemplo: conducir y ponernos rimel, llorar y hablar, ser amigas y criticar
Reconocer que si no podemos ser un buen ejemplo para los demás por lo menos podemos servirle como terrible advertencia.
Entender que nadie, pero nadie puede hacernos sentir inferiores sin nuestro permiso.
Dejar en claro que las batallas contra las mujeres son las únicas en las que se gana quedándose callado.
Bueno Taconeras, me despido esperando haber podido regalarles una sonrisa en su día. ¡Felicidades para todas!
Publicado por Virginia Palazzi bajo Artículos el 12 de Febrero de 2010.

A veces pienso que el amor es un sentimiento complejo. Tan ambiguo, tan versátil y tan inofensivamente cambiante como la condición humana misma. ¿Pero quién elige las palabras para definirlo? ¿Quién otorga significado a sus letras? ¿Quién traza el surco entre lo permitido y lo prohibido? Simplemente nosotros, todos los hombres y mujeres enamorados que actuamos en su nombre. El problema aparece cuando misteriosamente el destino nos coloca del otro lado de la línea, esa que nosotros mismos marcamos cuando tratamos de encasillarlo…
Entonces el amor nos descubre infragantes haciendo lo que muchas veces criticamos. Nos encuentra perdonando cuando declaramos jamás tropezar con la misma piedra. Transpirando en besos y abrazos callejeros luego de insultar las demostraciones empalagosas en público. Llamando piedad a lo que antes denominamos cobardía y escondiéndonos tras las mentiras que odiamos para no lastimar al otro.
Otras veces nos encamina en aventuras prohibidas, pero ya no como amantes baratas sino como heroínas capaces de soportar la culpa por amor y de transformar la insensatez en pasión. ¿Qué hay de la belleza interior cuando atentamos contra nuestro cuerpo sólo por despecho? ¿Por qué seguimos haciendo el amor con quienes ya no amamos? ¿Cuándo aprendimos a dormir abrazados sin voltear? ¿Por qué volvemos a empezar después de haber fracasado una y mil veces?
La mayoría de estas respuestas son inciertas y es allí cuando el amor se ríe de nosotros, pero no para burlarse sino para enseñarnos una vez más que él no es uno, sino miles de millones de experiencias únicas, propias, que se crean y recrean inquietas en cada pareja, en cada recuerdo, tiempo y espacio. Pero lo más importante, nos recuerda paciente cuán atrevida es nuestra pretensión de juzgarlo.
Taconeras en este ‘Día de los Enamorados’ rindamos honor al amor y démosle la libertad de ser. Tal vez coincidan con la idea de que necesitamos menos definiciones y más emociones, menos rencores y más comprensión, menos miradas y más sonrisas, menos criterio y más corazón. Porque así como el amor es el más complejo de los sentimientos es también el más maravilloso. Entonces… ¿para qué entenderlo si sólo podemos disfrutarlo?
¡¡Feliz Día a todas las Enamoradas!!
Publicado por Virginia Palazzi bajo Mundo Mujer el 9 de Febrero de 2010.

¡¡Chicas!! si alguna vez pensaron que alcanzar la perfección física, espiritual y mental es una posibilidad utópica, están muy equivocadas. Y no estoy hablando de la emergencia de vender nuestra alma al diablo para lograrlo, sino de la oportunidad de ‘comprar’ el pase directo a la felicidad. Por lo menos, así lo promete la fiebre del consumismo desenfrenado, según el cual estar y sentirse espléndidas es muy sencillo. ¿La receta? Comprar, usar y aplicarse todo lo que esté al alcance de nuestra tarjeta de crédito.
El proceso debe comenzar bien tempranito, de no ser así no nos alcanzarían las horas para seguir al pie de la letra los consejos publicitarios. Una vez arriba, la primera medida es un buen remojón en el que incluyamos alguno que otro productillo. ¡Mucho cuidado en este punto! Sobre todo para aquellas mujeres que al igual que yo estuvieron confundidas creyendo que un mismo jabón podía servirnos para todo, pues parecería que hace falta mucho más que eso. Por ejemplo: un jabón líquido para el cuerpo, un jabón de tocador para rostro, uno para manos, uno especial para pies y otro de facultades exfoliantes para glúteos y extremidades. No nos olvidemos del aceite aromático post-baño, de la pasta de dientes blanqueadora extrafuerte ni del enjuague bucal de hierbas tropicales.
Relucientes y perfumadas hasta la médula con una mezcla de olores que podrían delatarnos a diez cuadras de distancia, estamos listas para el paso N°2: ‘las cremas’ Es así como debemos pasar primero por el ungüento de centella asiática que reducirá la espantosa celulitis, el de baba de caracol que disimulará las insostenibles estrías, el que tonificarán la piel caída acomodando milagrosamente cada cosa en su lugar y el que quemará nuestras grasas y adiposidades en sólo 30 aplicaciones. Embadurnadas de pie a cabeza sólo nos queda rogarle a Dios que nos impida resbalar de regreso a la habitación donde debemos permanecer desnudas durante 20 minutos hasta que el cuerpo termine de asimilar tamaña capa viscosa.
Ahora sí, estamos listas para el gran desayuno. Creo que la mayoría de la mujeres somos conscientes de la vital importancia de esta infusión que aportará a nuestro cuerpo los nutrientes necesarios para enfrentar el resto del día. Lo que no me queda claro es cómo un microscópico postrecito diet, una barra de cereal de escasos centímetros o un artificialmente colorido jugo de frutas pueda proporcionarnos todo eso. Pero no se preocupen chicas, afortunadamente a media mañana, cuando el estómago comience a rugir los anuncios permiten distraer el hambre con una sopita instantánea que, ‘instantáneamente saciará el apetito’.
A esta altura del partido Taconeras ya estaríamos encaminadas a la perfección, el resto de la receta continúa con patrones similares: dejar el hogar, consumir, trabajar, consumir, almorzar, consumir, regresar, consumir, asear, acomodar, cocinar, consumir, cenar en familia y seguir consumiendo. Con suerte al final del día, lograremos sentirnos plenamente perfectas, o por lo menos tan agotadas como para dormirnos antes de poder reflexionar sobre el verdadero precio de la felicidad.
Publicado por Virginia Palazzi bajo Mundo Mujer el 25 de Enero de 2010.

Existe una gran diferencia entre sentirse invisible y serlo, sin embargo creo que los hombres aún no se han dado cuenta de ello. Por otro lado, podría haber una explicación menos fantástica que tiene que ver con el lado salvaje de este género, aquel que pese a los intentos furtivos de la evolución natural, los machos no han podido dominar…
No se asusten Taconeras, la columna de hoy nada tiene que ver con la ciencia, pero sí con la necesidad de encontrar fundamentos mínimos al por qué de todas esas desagradables acciones, que los hombres ejecutan sin importarles nuestra presencia, ni mucho menos nuestros posteriores reproches.
Para ser más clara vayamos a lo gráfico, estoy hablando de las miradas sin disimulo, las manos indiscretas, los catarros expulsados libremente y de todos esos instintos masculinos que acercan a esta especie a sus orígenes primitivos adjudicándoles características cuasi-animales.
Comencemos con el sentido de la vista. Siempre he dicho que Dios nos ha puesto los ojos para mirar. No obstante creo también en la diferencia entre hacerlo con disimulo y la desconsideración de intentar expandir el globo ocular a fin de no perderse ni el más mínimo detalle. Dentro de este rubro encontramos además distintas especialidades, ya que según lo que se esté mirando los hombres modificarán la estrategia. Por ejemplo, si se trata de un par prominente de ‘pechugas’ ellos aplicarán la mirada del búho, esa que les permite girar el cuello a 360º y regresar tranquilamente a su posición una vez que la presa se ha alejado.
Está también la maniobra del águila, ya que al igual que esta fantástica ave de rapiña, los hombres perseguirán con la mirada cualquier trasero importante. Ustedes mismas pueden hacer la prueba, sólo basta voltear rápidamente luego de pasar frente a un grupo de chicos para descubrir sus ojos enfocados en nuestra retaguardia.
Por último, este grupo incluye la expresión gatuna, esa ojeadita tierna que ellos usarán para ganarse nuestro perdón luego de descubrirlos fisgoneando los atributos de otras mujeres.
Continuando con las similitudes animales, tenemos al hombre llama, la especie masculina que asociaremos con este rumiante por su habilidad de despojarse de lo que no le sirve con un severo escupitajo. Fluido que, con un poco de suerte, irá a parar lo suficientemente lejos como para no tener que distinguir la gravedad del resfriado.
Por último chicas, está lo que llamaremos el hombre mono, aquel que buscará aplacar las picazones, acomodar su ropa interior o barajar su mercadería en cualquier momento y en cualquier lugar. Y cómo si el hecho de ser testigos de tal desagradable actividad no nos fuera suficiente, debemos estar atentas a cualquier intento por usar las manos con toda naturalidad.
En resumidas cuentas, como dije en el comienzo existe una gran diferencia entre sentirse invisible y serlo, y desafortunadamente Taconeras nuestros hombres y sus hábitos no lo son.
Publicado por Virginia Palazzi bajo Mundo Mujer el 13 de Enero de 2010.

En la playa la arena parece de plata, más atrás, el mar turquesa, aterciopelado y listo para el mejor de los chapuzones, a lo lejos el sol se sumerge en la infinidad de las aguas mientras poco a poco va indicando la hora de volver al hotel. Será el año que viene- pienso interrumpiendo la fantasía y guardo el paisaje de la revista nuevamente en el velador.
A todas nos ha pasado alguna vez eso de las vacaciones frustradas. A veces por razones de salud, otras por falta de permiso en el trabajo o simplemente porque el chanchito no alcanzó a engordar lo suficiente como para costear los planes veraniegos. Sea como sea, ante el triste panorama de las maletas en desuso siempre nos quedan dos caminos: podemos quedarnos con la cara larga echando macumbas para que la lluvia interrumpa la dicha de los más afortunados, o bien buscar la mejor manera de disfrutar de la suerte que nos toca. Seguir leyendo »
Publicado por Virginia Palazzi bajo Mundo Mujer el 28 de Diciembre de 2009.

Mucho hemos hablado ya de arbolitos decorados, de brindis de buenaventuranza y de sinceros deseos de prosperidad. Por eso, esta vez, las invito a analizar una de las caras menos loables de la Navidad y el Año Nuevo: “las peleas”. Sí, porque así como en esta época reina la paz y el amor, comienzan también a aflorar diferentes disputas protagonizadas, sobre todo, por mujeres en su papel de parientes, vecinas, amigas, etc.
Encabezando la lista de disparadores conflictivos se ubica en primer lugar la elección de la casa donde se va a realizar la celebración. Como es sabido, siempre hay alguien que debe ofrecer su morada para la reunión familiar, obligación que por razonamiento lógico recaería sobre la dueña de la vivienda más espaciosa. Pero la cosa no es tan sencilla, ya que es común que muchas anfitrionas se manifiesten en desacuerdo con la determinación y pongan el grito en el cielo: “¡¿Otra vez en mi casa?! ¡Claro, siempre tengo que ser yo la que se quede ordenando y lavando los platos luego de la fiesta!”.
Esta podría tranquilamente ser una postura comprensible. Claro, si no fuese que las mujeres somos imposibles, porque así como están las que se quejan por el punto de encuentro, están las que demuestran resentimientos por no serlo: “Estoy harta Roberto, siempre somos nosotros los que tenemos que movilizarnos a todos lados. El año que viene me quedo en casa y que venga el que quiera”.
La comida es otro de los ítems en cuestión, pues es en el arte culinario donde las virtudes gastronómicas se manifiestan, (y no precisamente para bien) trayendo al ruedo odiosas comparaciones: “¿Cómo puede ser que siempre me toque hacer el enorme pavo relleno que además me toma dos días de preparación, mientras mi cuñada, año tras año, trae la misma bandejita de ensalada?”, “Si hablas con tu mamá dile que haga el postre, ya que, según su opinión, el del año pasado estaba insulso”.
Para qué hablar de las revelaciones propias del exceso de brindis. Pues durante las fiestas nunca faltarán las copas chocando y derramando confesiones: “Suegra mis más sinceros deseos de prosperidad para este 2010, que este año nuevo le traiga más paciencia y le ayude a eliminar eso kilitos que tanto le han costado bajar!
Por supuesto tampoco podemos olvidarnos de los vecinos y sus ruidosos festejos. ¿O me van a negar que nunca imaginaron dejar en su puerta una canasta de pirotecnia encubierta que se active justo al marcar las doce, para que por una vez en la vida sientan lo mismo que ustedes, durante su infaltable despliegue de cohetes y bombas de estruendo?
Es así mis queridas Taconeras, sólo nosotras sabemos que tras la ropa, los regalos, la decoración, el horario, los saludos, el pan dulce, y demás complementos festivos puede ocultarse un infaltable motivo de pelea. Por eso, en las próximas celebraciones de fin de año les deseo de todo corazón: ¡Una verdadera Noche de Paz!