Virginia Palazzi

¡¡Re-evolucionemos!!

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Nadie podría negar que en cuestiones de derechos femeninos el mundo ha evolucionado. La historia nos ha regalado mujeres increíbles que hicieron de esta lucha motivo de su vida e incluso de su muerte. Hoy, es tiempo de re-evolucionar, de mirar introspectivamente y entender que el cambio comienza por dentro, en lo cotidiano y simple de la vida. Tal vez esta historia nos ayude a pensarlo…

¡María estaba feliz! Después de varios meses de organización y mucho, pero mucho trabajo, la marcha había sido un éxito. Esa noche las calles de la ciudad se habían convertido en un río. Cientos de mujeres de diferentes edades, colores, y clases sociales navegando contra la corriente con un único objetivo: Defender la igualdad de género. “Que la diferencia sexual no se traduzca en desigualdad social”, “Lo privado es político”, “Ni una muerte Más”, pese a que las pancartas gritaban reclamos diferentes, la esencia era la misma: luchar por los derechos de las mujeres. Todos y cada uno de ellos.
¡María estaba feliz! Hace tiempo que se había comprometido con la causa, asistía a charlas, leía cuanto texto se refiriese al tema y cada tanto organizaba actividades  junto a un grupo de activistas que, al igual que ella, se negaban a aceptar las injusticias sociales. Era ridículo si quiera pensar, que todavía en pleno siglo XXI, el machismo continuara vivo, contaminándolo todo con ideas hipócritas, fundamentos rebuscados y discursos incoherentes.

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Antonieta

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Con su permiso Taconeras, hoy quiero dedicarle esta historia a Q, el amor de mi vida.

“Te amo porque eres capaz de descubrir el lado hermoso de todas las cosas. Pero… haber si puedes con esto”. Quité la tarjeta de mi regalo de San Valentín y destapé, lentamente, la caja. Ahí estaba, escondida bajo un par de enormes orejas parabólicas, una diminuta y enclenque cachorrita. Me miró asustada con sus ojitos infinitamente negros que se perdían en la oscuridad de su desproporcionado cuerpo y dando un ridículo ladrido me ordenó que la alzara. “¿Qué cosa eres?”- le pregunté acercándola a mi rostro para observarla de cerca y una partícula roja me saludó humedeciendo mi nariz. “Sólo un nombre majestuoso puede salvar tu destino- le dije, coronando con un beso su nueva identidad- Antonieta había llegado a nuestras vidas…

Ese era el primer ‘Día de los Enamorados’ que festejaba con Q. Desde que estábamos juntos nada había sido fácil. Habíamos emprendido una relación que ensanchaba nuestras almas al mismo tiempo que, paradójicamente, desinflaba las de los demás: “Sabes que te voy a apoyar siempre… Es sólo que como toda madre pienso que mereces un príncipe azul. No creo que estés lista para enfrentarte a un hombre tan lleno de pasado y presente, sé que además de estar divorciado tiene dos pequeños hijos” –me dijo mamá tratando de que reaccionara–. A Q no le había ido mucho mejor: “Es muy inmadura para ti. ¿Qué podría darte una mujer cuyas preocupaciones son meras y superfluas banalidades. Además acaba de terminar una relación de cinco años y tal vez ahora no pretenda nada serio. No deberías  arriesgarte a un nuevo fracaso”. Así, inapropiado, estúpido, pasajero y casi tan horroroso como mi extraño regalo de aquel 14 de febrero, exactamente así era nuestro amor para todos los demás… Seguir leyendo »

Mi peor enemigo

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Arriesgándome a ser poco original al rotular esta nota, les prometo mujeres que ningún otro título  le quedaría tan bien. Es que literalmente llevo dos semanas conviviendo con el enemigo. Preparo el almuerzo entre bombardeos, lavo los platos al grito de ¡cuerpo a tierra! y después de eso me siento a escribir un poco en medio de las metralletas y sus insoportables disparos. Para ser más exacta creo que acaban de tirarme una granada.

Lejos de haber perdido la cordura, soy una víctima más del exceso vacacional masculino del play station y juegos de PC”. Así es Taconeras, cuando parecía que la tranquilidad había vuelto  a mi  hogar luego de que el soldado Basili, lograra  pasar la gran final del  Calll of Duty, mi novio y sus dos hijos no tuvieron mejor idea que traer a la casa al soldado Mason, para que cumpliera su misión en el Call of Duty Black Ops. ¿Qué significa todo eso? No tengo la más pálida idea. Seguir leyendo »

¡No, puedes hacerlo!

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Antes que nada voy a aclararles algo: mis ataques de limpieza profunda son como los eclipses, aparecen cada muchos años y no dejan de sorprender a la gente. “¡¡¡Arriba, arriba, limpieza general. Saquen las sábanas, den vuelta los colchones, acomoden los cajones!!!”- solía despertarnos mi madre algunos desafortunados domingos e inmediatamente después una horrible sensación de tortura comenzaba a recorrer mi cuerpo. ¡No había escapatoria! Y creo que por ahora esa imagen alcanzará para que entiendan mí rechazo por el satánico ritual del fregado.

Una vez dicho esto, puedo comenzar el relato. Este fin de semana me levanté con unas ganas incontrolables de limpiar absolutamente todo. Me urgía acomodar, lustrar y lavar cualquier cosa que estuviera a mi alcance. ¡Imagínense mi desconcierto! ¿Qué me estaba pasando? Pero, como no soy una mujer impulsiva, me senté a reflexionar por unos minutos tratando de encontrar alguna explicación al asunto. Entre las posibles respuestas surgió el tema de la edad- la cual estaría asemejándome a mi madre- o la extraña posesión de algún espíritu del fregado o algo así… pero nada de eso me convencía. Hasta que de repente, lo descubrí: Resulta que recién estoy recuperándome de un tirón dado por las anginas: fiebre, dolor de garganta y un poco de tos. Seguir leyendo »

QNE: Cosechando Naranjas

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Una caipiriña para tranquilizar a la señorita– fue lo último que escuché
No, mejor una cerveza– dije desde la camilla, tratando de participar en la broma y me dormí.
Cuando desperté ya estaban conmigo. Rápida, sencilla y como si se tratase de un trámite, así fue como viví la operación de mis implantes.

¡¡¡¡¡Sí chicas… ya tengo lolas!!!! Aunque debo confesar que los signos de exclamación son pura formalidad. ¿Qué si estoy arrepentida? Nada de eso es que resultó ser que lo más complicado de todo este asunto de las cirugías estéticas no es justamente ese el momento crucial sino el antes y el después. Seguir leyendo »

Aceitunas, mandarinas, ¿melones?

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libre.jpegHola chicas, hoy les escribo en busca de ayuda, pero para eso primero debo empezar por atrás y contarles un poco de mi vi vida. El dilema comenzó en la escuela primaria cuando tenía 12 años. Antes de eso, era una niña normal, de contextura delgada, cabello largo y una sonrisa  simpática que, entre diente y diente, dejaba un gran espacio de luz (todavía conservo eso). Lo recuerdo como si fuera ayer, estábamos en clase de biología estudiando el tema de la reproducción: la fecundación, la gestación, el nacimiento y los cuidados posteriores del bebé, entre ellos el amamantamiento:-Como ven  niños, las glándulas mamarias son las encargadas de producir la leche materna para que el recién nacido pueda alimentarse y así crecer fuerte y sano- explicaba la maestra desde el pizarrón, mientras que el asombro y la curiosidad propia de estos contenidos mantenía al aula en inmutable silencio. De repente, desde el fondo, la voz de un compañero interrumpió la quietud:- ¡¿Pero señorita, si la leche materna se produce en las mamas de las mujeres, el bebé de Virginia se va a morir de hambre?!No creo que haga falta explicarles el revuelo y las carcajadas posteriores, hasta podría jurar que la maestra también aportó las suyas. Mientras tanto yo colorada, desconcertada y a punto de explotar de vergüenza comencé a comparar mis pechos con los de mis compañeras. ¡Era verdad! ¿Cómo no lo había notado antes? La mayoría de las chicas ya usaban sostén. También yo, la diferencia estaba en que el mío no tenía nada que sostener, sólo un par triste de pequeñas aceitunas. Ese día nació un problema, un complejo, mil apodos y junto a esto mil estrategias para disimularlo. Seguir leyendo »

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