
¡No hay nada más tedioso que regresar a escondidas y trepar las ventanas en la madrugada! Ni hablar de las excusas y explicaciones sobre alarmas fallidas, sueños profundos y relojes descuidados. Sin importarles la edad, a la mayoría de los padres la idea de que sus hijas pasen la noche en casa del novio no les cuadra para nada. Por eso, las mujeres añoramos con tripa y corazón ese momento en el que formalmente dejaremos la cama de solteras.
¡Dicen que no hay nada más romántico que dormir acurrucados toda la noche y despertarse luego en los brazos del ser amado!
Pero a veces… y pese a las tantas expectativas, llegado el momento de la ansiada experiencia aparecen en escena algunas cuestiones capaces de convertir la cama matrimonial, en un campo de batalla. Vayamos a los hechos. Según la ley del amor: “Lo mío es tuyo y lo tuyo es mío”, cuestiones a las que los hombres pueden responder bastante bien, pero durante el día. Porque a la noche, el lecho y sus derivados son propiedad de él. Frazadas confiscadas, posturas transversales y monopolios del control remoto. No es sorprendente que nos despertemos a veces a mitad de la noche, destapadas, en un rinconcito de la cama, mientras un grito de “¡Gooooooool!” retransmite el triunfo de quién sabe qué equipo de fútbol.
Imagínense ahora dormidas, soñando plácidamente con un paisaje paradisíaco: el clima tropical de una playa recóndita, un mar aterciopelado mojándonos los pies, el dulce trinar de los pájaros exóticos y de repente… el rugir de un león transforma el sueño en una pesadilla. “¡¡Roberto, Roberto, despiértate. ¡¡Estás roncando de nuevo!!”. Desde estrepitosos taladros hasta osos hambrientos, a la hora de dormir, los ronquidos masculinos pueden reproducir los sonidos más extraños. Sin embargo, nuestro asombro pasa por otro lado “¿¡Cómo, nunca me dijiste que roncabas!?
Según una corriente muy moderna, el éxito de la convivencia reside en dormir en camas separadas. Esta tendencia europea encuentra sus razones en la idea de que una persona que duerme bien se despierta renovado, de muy buen humor y predispuesta al diálogo. No obstante chicas, y pese a esta tentadora oferta, creo que sigo siendo una mujer de la vieja escuela. Por eso, yo prefiero seguir durmiendo con el enemigo, porque lo más lindo de las peleas es: “LA RECONCILIACIÓN”

Desde pequeñas las mujeres soñamos con encontrar ese sapo encantado al que convertiremos en príncipe azul luego de un genuino beso de amor. Claro, en una primera instancia, la magia del amor es capaz de embellecer a cualquier hombre. ¿Pero qué pasa cuando el tiempo corre, y aquel príncipe del que nos enamoramos comienza un proceso involutivo que lo devolverá su estado inicial? Al parecer, a diferencia de los de los cuentos hadas, el encantamiento de nuestros sapos tiene fecha de vencimiento.
Comencemos hablando del peso, ya que mientras las mujeres enloquecemos tratando de conservar la figura, los hombres, despreocupadamente, acumulan los años en el estómago. Es decir que con sólo mirar el tamaño de su abdomen podríamos calcular el tiempo que llevan de casados: rollitos definidos para los flamantes esposos, panza desarrollada para los que ya festejaron su vigésimo aniversario e insostenibles barrigas para quienes esperan las bodas de oro.
Pero el tiempo es sabio… si por un lado da, por el otro quita. Este seguramente es el caso de esa despeinada y tupida melena que supo cautivarnos y de la cual probablemente hoy queden apenas unos cuantos pelos. En su lugar ellos optarán por el sombrero, el rapado definitivo o el peinado lamido, aquel que consiste en dejarse crecer la patilla de un extremo para acomodarla luego con prolijidad en las partes desnudas. Tampoco faltará el pelado ingenioso que ponga a las discusiones con su esposa como razón de su calvicie.
Continuando con la lista de despojos podemos decir, que al igual que la silueta, la paciencia masculina es otra de las cosas que se agotan con el tiempo. Entonces todas esas actitudes que en la etapa del noviazgo despertaban su ternura, hoy son motivo de sus úlceras y mal humor. Para qué hablar del romanticismo, la audacia y la predisposición, si sólo basta con verlos comiendo recostados frente al televisor para entender que el hechizo se ha revertido.
Así es mujeres, poco a poco el tiempo se va llevando algunas de esas cosas de las que supimos enamorarnos para dejarnos otras tantas a las que tendremos que resignarnos. Pero como dicen chicas: “La culpa no es del chancho, sino del que le da de comer”. Por eso, en vez de andar besando sapos esperanzadas, a la hora de elegir fijémonos mejor en lo que importa, ¿el corazón? ¡¡No, el bolsillo!!

Queridas amigas, hoy después de mucho tiempo, vamos a equiparar la balanza para darles algo de crédito a los hombres. Porque así como nosotras vivimos quejándonos de las pretensiones masculinas de que nos ocupemos de todo, ellos reniegan cada vez que nosotras ‘les ocupamos todo’. Aquí les dejo una historia, no sin antes advertirles que cualquier similitud con la vida real es mera coincidencia.
Un día María dejó su cepillo de dientes en la casa de Roberto, su prometido, y esa fue razón suficiente para que todo cambiara. Pues a la mañana siguiente tuvo que pasar por allí antes de ir al trabajo, ¿cómo comenzar el día sin una buena limpieza bucal? Entonces llegó tempranito y entró con la llave que su amado le había dejado para cualquier emergencia. Entró al baño, se cepilló los dientes y aprovechó el espejo para desparramar sus pinturas y arreglarse el maquillaje. Luego preparó el desayuno para sorprender a Roberto y se fue a la oficina dejando sus pertenencias una vez más. Seguir leyendo »

Según la Organización Mundial de la Salud: “la adolescencia es la etapa que transcurre entre los 10 y 19 años de edad, en la que se producen grandes cambios físicos, sicológicos y sociales”. Los mismos jóvenes la describen como el período de búsqueda de la propia identidad. Para los padres, en cambio, es el enfrentamiento a la incipiente revolución hormonal de sus hijos. Pero el tema de esta columna, mis queridas Taconeras, no pasa por ninguno de estos ejes, sino por la temible reinterpretación que nuestros hombres hacen de este término. Pues para la gran mayoría de los varones la adolescencia es ese período indeterminado al que ingresaron luego de descubrirse el primer vello en el pecho y al que tratarán de aferrarse cueste lo que cueste.
Hablemos ahora de las características de estos personajes que, haciendo caso omiso de su edad, su apariencia o su estado civil, continúan actuando como eternos adolescentes. Seguir leyendo »

Queridas Taconeras, seguramente alguna vez les habrá pasado lo que a mí, eso de levantarnos un día y darnos cuenta de que nuestro cuerpo ya no es el mismo, peor aún, de que no nos responde de la misma manera que hace algunos años. Si coinciden conmigo entenderán estos versos y sino, disfruten lo que les queda porque algún día lo harán.
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¡Es cierto! Las mujeres nacemos con esa necesidad innata de manejar todo los que no rodea. Tener el control… ¡esa es la premisa! Sin embargo, algunos afirman que hay un campo, una pequeña superficie terrenal sobre la que nuestro poder es limitado: ‘El auto’. Es por esto que comúnmente nos topamos con frases e insultos como: ‘Mujer al volante peligro andante’ o ‘Quién te dejó salir de la cocina’.Y si bien estadísticamente hablando no hay datos consistentes sobre las debilidades de nuestro sexo frente al volante, los hombres afirman todo lo contrario. Pues según ellos, el primer gran error cometido por el sexo opuesto es querer usar, mientras conducimos, el espejo retrovisor como herramienta de maquillaje. Seguir leyendo »