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Mundo Mujer

Cynthia Rosales

Infiltradas: El escape de Fernanda

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Publicado por Cynthia Rosales bajo Mundo Mujer el 11 de Marzo de 2010.

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Capítulo 8: El escape de Fernanda

Fernanda sabía que si no cumplía con la voluntad de Johnny, la vida de su padre corría peligro. Hace muchos años, cuando ella era una niña, el hombre que ella más admiraba en el mundo comenzó a hacer negocios con él. Sin saber cómo y cuándo, los hechos se fueron de control, quedando su papá con una cuantiosa deuda y acusado de un crimen que no cometió. La garantía para salvarse era estar disponible para cuando Johnny lo quisiera. Y así fue como la obligaron a entrar al cartel.

Pero ya estaba cansada y quería terminar con todo. Su nueva cabellera rubia no le agradaba para nada, y a pocos instantes de partir a su misión, Fernanda ya había tomado una decisión: escapar. Tenía todo preparado para desprenderse del yugo de Johnny ante la primera oportunidad.

-Vamos- le dijo Josefina de pronto- es hora de partir.
-Claro.
- ¿Te pasa algo chamaca?
- No –respondió Fernanda- ¿por qué?
- Te siento algo nerviosa.
- Bueno, no es para menos…
- Es verdad, es que es complicado trabajar aquí.

Fernanda se subió al taxi que la esperaba y se mantuvo cauta hasta notar que se encontraba bastante lejos de la mansión. Entonces, decidió que era su oportunidad.

-Al aeropuerto por favor.
- No puedo señorita, tengo que dejarla en una dirección precisa que me han entregado.
- Hágame caso, ¿quiere?
- Llamaré a la señora Josefina.
- No es necesario- precisó Fernanda- ella misma me confirmó que debemos partir hacia allá. Así que vamos, ahora.

El conductor la observó desconfiado por medio del espejo retrovisor, pero acató la medida. De pronto, su celular comenzó a sonar. Conversó algunos minutos y cortó.

- Aquí estamos- le señaló el chofer.
- Gracias, por favor espéreme.

Fernanda caminó hacia la salida de los pasajeros provenientes de los vuelos internacionales. Y allí pudo divisarlo. Era su padre que llegaba a México para cambiar en algo los planes. La idea era hundir a Johnny.

Fuerza Chile

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Publicado por Marce bajo Mundo Mujer el 3 de Marzo de 2010.

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Hola a todas! En Vanidades esperamos que todas se encuentren bien junto a sus familias y que el daño del pasado terremoto no haya sido mayor. Como todos sabemos, gran parte del sur de nuestro país está sufriendo puesto que lo perdieron todo. Sin embargo, encuentro que eso no es excusa para dedicarse a robar y a saquear distintos supermercados y tiendas. Una cosa es buscar lo básico para sobrevivir, como comida, pero de ahí a salir con plasmas y lavadoras… eso es otra cosa.

Les adjunto una columna escrita por Fernando Villegas en el diario La Tercera de ayer. Leanla y cuéntennos qué opinan.
La pistola al cuello
Publicado en La Tercera, 02/03/2010

El terremoto del sábado ha sido un evento devastador, pero también revelador. Ha sacado a la luz debilidades acumuladas a lo largo de años en el completo edificio de nuestra sociedad, frutos venenosos de políticas -públicas y privadas-  y de procesos sociales cuyas semillas se sembraron a partir de 1973, se abonaron en los años sucesivos y se regaron generosamente desde 1990. El resultado es una mezcla explosiva de aspiraciones adquisitivas con una distribución del ingreso que impide a muchos satisfacerlas y de dos generaciones de chilenos pobres -padres entre 25 y 40 años, hijos de entre 10 y 20- criados casi sin control parental ni escolar. A ese combustible se agrega como comburente  la hegemonía ideológica de las doctrinas acerca de los derechos humanos, las cuales en muchos casos -legales, judiciales, etc-  han sido llevadas a tales extremos de lenidad y obsecuencia, que entorpecen gravemente la determinación o voluntad del Estado para preservar el orden público.

De esto último han sido muestra los saqueos masivos. Para describirlos, la autoridad ha usado un lenguaje eufemístico hablando de “delincuentes” y de “lumpen”. Eso de por sí ya sería bastante malo, pero los videos y fotografías revelan algo aun peor: protagonistas han sido también y en número abrumador, gente común y corriente, la clase de personas con las cuales usted puede toparse en su oficina o en el bus. En una sociedad sana, el pillaje queda reducido a la acción de delincuentes y también de los ciudadanos más marginales; una sociedad enferma, en cambio, revela lo que vimos, a saber, no sólo que dichos delincuentes y vándalos son legión, sino que también hay cero autocontrol por parte de muchos ciudadanos y cero eficacia de la fuerza policial para controlarlos por mera presencia.

¿De qué extrañarse respecto a esto último? Por 20 años la Concertación no hizo sino debilitar el concepto mismo de “orden público”, expresión que a oídos de su gente suena a cavernaria opresión “del pueblo”. Todo acto de autoridad rigurosa se convirtió, en ese período, en tabú. En el colegio se deterioró la autoridad de profesores y directores, quienes quedaron a merced de un alumnado dotado de infinitos derechos; en la calle se acusó una y otra vez a la fuerza pública de “excesos”, tanto en tribunales como en la prensa, cada vez que encaró con decisión ataques incluso letales contra sus miembros; en el discurso de muchos se legitimó abierta o tácitamente a los “combatientes”  con tal que dijeran representar una causa justa; en la justicia se trató con lenidad a asesinos políticos si acaso su background era “la lucha contra la dictadura”; en fin, siempre hubo razones para justificar la conducta antisocial haciendo de sus hechores víctimas inocentes “del sistema”.

¿A qué asombrarse entonces que grupos masivos de ciudadanos se crean hoy con derecho al pillaje si se da la oportunidad? ¿De qué pasmarse ante el infantilismo, convertido rápidamente en agresión, con que algunos piden “soluciones” en cinco minutos puesto que fueron criados bajo la doctrina del Estado paternalista, único salvador y defensor de los pobres, como todavía se dijo en la reciente campaña presidencial? Por eso la imagen del carabinero poniendo una pistola en el cuello de uno de los miserables entregados al pillaje es una notable excepción, pero también una muestra de hasta dónde es preciso llegar cuando métodos menos elocuentes ya no hacen mella. Y es una valiente excepción, porque hace ya mucho tiempo que el carabinero teme siquiera levantar la voz, no sea que le abran un sumario, se le eche del servicio y se le lleve a juicio. De eso es muy consciente la inmensa cantidad de ciudadanos resentidos, frustrados y llenos de instintos destructivos y depredadores que ha criado el sistema por las razones expuestas más arriba. Se sienten con esa sensación de derecho a cometer delitos que otorga la impunidad. ¿”Por qué yo no”, dijo una mujer que se llevaba objetos robados de una tienda, “si lo hacen todos? Y pudo haber agregado: “y nada nos va a pasar porque somos el pueblo”. De ahí que sea la sociedad, no ese punga, quien está hoy con la pistola al cuello. Y que, en la hora mona, deba sacarse al Ejército a la calle.

Cynthia Rosales

Infiltradas: la transformación de Andrea

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Publicado por Cynthia Rosales bajo Mundo Mujer el 26 de Febrero de 2010.

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Capítulo 7: la transformación de Andrea

Andrea nunca había pisado suelo mexicano. Todo lo que sucedía la tenía algo perturbada, pues no conocía los pasos a seguir ni cómo trabajaba Johnny. Lo único que alcanzaba a comprender era que debía pactar su deuda, y de paso, obtener algo más de dinero antes de volver a Chile. Su plan era escapar frente a la primera oportunidad.

Pensaba en eso cuando un sobre se deslizó rápidamente bajo la puerta llegando a escasos metros de su cama. Se levantó, entendiendo que se trataba de la misión y que debía partir.

Tomó su maleta, aunque no alcanzó a avanzar demasiado cuando sonó el teléfono. Era Josefina.

Andrea hizo un gesto de molestia, se observó al espejo y bajo al primer nivel de la casona resignada. Se trataba del cambio de apariencia al que todas debían ser sometidas. Lo sabía, pero odiaba convertirse en colorina de la noche a la mañana.

- No platiques tanto con tu conciencia chamaca –pronunció Josefina a o lejos.
- Es que tú entiendes…
- Oh si que entiendo –respondió la mujer- he visto muchas cosas en este lugar…

De un momento a otro Andrea entró a una especie de peluquería para no salir de allí luego de tres horas. Josefina la acompañó en todo momento, no sin un dejo de sorpresa al ver el resultado final.

- ¿De veritas que nunca fuiste pelirroja?
- No –respondió Andrea molesta- y ya deja de preguntar esa estupidez.
- Es que el tono te queda de pelos…

Andrea tomó su equipaje y abordó el taxi que la esperaba hace unos minutos. Leía una y otra vez la carta que contenía su misión sin entender demasiado. Se trataba de un empresario banquetero que trabajaba en las afueras de la ciudad. Se suponía que ella sería su secretaria, aunque aún no comprendía cómo cumpliría su misión, si apenas sabía lo que era una hoja de cálculo.

- Aquí la dejo señorita –le expresó el taxista.
- Gracias- respondió ella nerviosa.

Alcanzó a avanzar unos pasos cuando notó que se encontraba frente a un restorán. Y sobre la entrada lucía un letrero que decía “Bienvenida Lupita”

- ¡Lllegó Lupita! –se escuchó a lo lejos.
- ¿Lupita? –susurró Andrea desconcertada.
En esos instantes una mujer la abrazó eufórica.

- Aquí está mi pequeña que ha vuelto después de 20 años.
- ¿Veinte años? –respondió Andrea conmocionada- esto es más loco de lo que pensé.

Virginia Palazzi

Perfección Envasada

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Publicado por Virginia Palazzi bajo Mundo Mujer el 9 de Febrero de 2010.

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¡¡Chicas!! si alguna vez pensaron que alcanzar la perfección física, espiritual y mental es  una posibilidad utópica, están muy equivocadas.  Y no estoy hablando de la emergencia de vender nuestra alma al diablo para lograrlo, sino de la oportunidad de ‘comprar’ el  pase directo a la felicidad. Por lo menos, así lo promete la  fiebre del consumismo desenfrenado, según el cual estar y sentirse espléndidas es muy sencillo. ¿La receta? Comprar, usar y aplicarse todo lo que esté al alcance de nuestra tarjeta de crédito.
El proceso debe comenzar bien tempranito, de no ser así no nos alcanzarían las horas para seguir al pie de la letra los consejos publicitarios. Una vez arriba, la primera medida es un buen remojón en el que incluyamos alguno que otro productillo. ¡Mucho cuidado en este punto! Sobre todo para aquellas mujeres que al igual que yo estuvieron confundidas creyendo que un mismo jabón podía servirnos para todo, pues parecería que hace falta mucho más que eso. Por ejemplo: un jabón líquido para el cuerpo, un jabón de tocador para rostro, uno para manos, uno especial para pies y otro de facultades exfoliantes para glúteos y extremidades.  No nos olvidemos del aceite aromático post-baño, de la pasta de dientes blanqueadora extrafuerte ni del enjuague bucal de hierbas tropicales.
Relucientes y  perfumadas hasta la médula con una mezcla de olores que podrían delatarnos a diez cuadras de distancia, estamos listas para el paso N°2: ‘las cremas’ Es así como debemos pasar primero por el ungüento de centella asiática que reducirá la espantosa celulitis, el de baba de caracol que disimulará las insostenibles estrías, el que tonificarán la piel caída acomodando milagrosamente cada cosa en su lugar y el que quemará nuestras grasas y adiposidades en sólo 30 aplicaciones. Embadurnadas de pie a cabeza sólo nos queda rogarle a Dios que nos impida resbalar de regreso a la habitación donde debemos permanecer desnudas durante 20 minutos hasta que el cuerpo termine de asimilar tamaña capa viscosa.
Ahora sí, estamos listas para el gran desayuno. Creo que la mayoría de la mujeres somos conscientes de la vital importancia de esta infusión  que aportará a nuestro cuerpo los nutrientes necesarios para enfrentar el resto del día. Lo que no me queda claro es cómo un microscópico postrecito diet, una barra de cereal de escasos centímetros o un artificialmente colorido  jugo de frutas pueda proporcionarnos todo eso. Pero no se preocupen chicas, afortunadamente a media mañana, cuando el estómago comience a rugir los anuncios permiten distraer el hambre con una sopita instantánea que, ‘instantáneamente saciará el apetito’.
A esta altura del partido Taconeras ya estaríamos encaminadas a la perfección, el resto de la receta continúa con patrones similares: dejar el hogar, consumir, trabajar, consumir, almorzar, consumir, regresar, consumir, asear, acomodar, cocinar, consumir, cenar en familia y seguir consumiendo. Con suerte al final del día, lograremos sentirnos plenamente perfectas, o por lo menos tan agotadas como para dormirnos antes de poder reflexionar sobre el verdadero precio de la felicidad.

Cynthia Rosales

Infiltradas: el adiós de Leticia

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Publicado por Cynthia Rosales bajo Mundo Mujer el 28 de Enero de 2010.

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Capítulo 3: El adiós de Leticia

No podía creer lo que estaba sucediendo. Le había costado años lograr una vida, una nueva identidad. No estaba del todo convencida de las palabras de Johnny, sin embargo, temía sus amenazas. ¿Qué pasaba si le contaba toda la verdad a su marido?, ¿o a sus dos hijas? O peor aún, sólo pensar que en el canal podrían descubrirlo todo le causaba pánico.

Llegó a su casa más tarde de lo normal. Rodrigo estaba durmiendo y las niñas junto a él. Los observó con lágrimas en los ojos, tratando de imaginarse sus rostros al saber que ella ya no estará más. Tomó un lápiz y una hoja, pero desistió de escribir una nota. Decidió entonces enviar un correo electrónico más tarde, cuando estuviera segura de qué iba a suceder. En el canal ya había renunciado, aunque seguro mañana nadie entendería qué estaba sucediendo.

Tomó algunas cosas de su clóset y se las llevó. Iba bajando las escaleras cuando recordó aquella bitácora. Dejó su pequeño bolso en el suelo y bajó a la bodega. Percibió un olor raro, pero sabía lo que buscaba y lo encontró rápidamente. Quitó algunas cajas viejas y allí estaba. Su diario, aquellas hojas que la acompañaron por cinco años en México. Lo observó emocionada por algunos segundos, como si su vida pasara a modo de sinopsis de película.

- No puedo creer que tenga que volver-susurró.
- Y yo no puedo creer que me estés abandonando –pronunció Rodrigo entre la oscuridad.
- ¡Mi amor!, pensé que estabas durmiendo.
- Y yo pensé que me querías. ¿Qué estás haciendo?
- Me tengo que ir Rodrigo, cuida a las niñas.
- Pero mi amor… -pronunció él entre sollozos- no puedes dejarme solo ahora.
- Entiende Rodrigo, Johnny me necesita, me está amenazando.
- ¿Quién es Johnny? –preguntó intrigado.
- No quiero dar explicaciones, por favor créeme, volveré.
- Déjame ir contigo.
- No puedo amor, déjame ir ya.

De pronto Leticia abrió los ojos, terminando con aquella ilusión. La situación era tan irreal como sus deseos de partir. Porque Rodrigo seguía durmiendo, confiado en sus palabras de amor. Y ella continuaba con el corazón apretado, cerrando la puerta tras de si.

Virginia Palazzi

¡Veo, Veo! ¿Qué ves?

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Publicado por Virginia Palazzi bajo Mundo Mujer el 25 de Enero de 2010.

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Existe una gran diferencia entre sentirse invisible y serlo, sin embargo creo que los hombres aún no se han dado cuenta de ello. Por otro lado, podría haber una explicación menos fantástica que tiene que ver con el lado salvaje de este género, aquel que pese a los intentos furtivos de la evolución natural, los machos no han podido dominar…
No se asusten Taconeras, la columna de hoy nada tiene que ver con la ciencia, pero sí con la necesidad de encontrar fundamentos mínimos al por qué de todas esas desagradables acciones, que los hombres ejecutan sin importarles nuestra presencia, ni mucho menos nuestros posteriores reproches.
Para ser más clara vayamos a lo gráfico, estoy hablando de las miradas sin disimulo, las manos indiscretas, los catarros expulsados libremente y de todos esos instintos masculinos que acercan a esta especie a sus orígenes primitivos adjudicándoles características cuasi-animales.
Comencemos con el sentido de la vista. Siempre he dicho que Dios nos ha puesto los ojos para mirar. No obstante creo también en la diferencia entre hacerlo con disimulo y la desconsideración de intentar expandir el globo ocular a fin de no perderse ni el más mínimo detalle. Dentro de este rubro encontramos además distintas especialidades, ya que según lo que se esté mirando los hombres modificarán la estrategia. Por ejemplo, si se trata de un par prominente de ‘pechugas’ ellos aplicarán la mirada del búho, esa que les permite girar el cuello a 360º y regresar tranquilamente a su posición una vez que la presa se ha alejado.
Está también la maniobra del águila, ya que al igual que esta fantástica ave de rapiña, los hombres perseguirán con la mirada cualquier trasero importante. Ustedes mismas pueden hacer la prueba, sólo basta voltear rápidamente luego de pasar frente a un grupo de chicos para descubrir sus ojos enfocados en nuestra retaguardia.
Por último, este grupo incluye la expresión gatuna, esa ojeadita tierna que ellos usarán para ganarse nuestro perdón luego de descubrirlos fisgoneando los atributos de otras mujeres.
Continuando con las similitudes animales, tenemos al hombre llama, la especie masculina que asociaremos con este rumiante por su habilidad de despojarse de lo que no le sirve con un severo escupitajo. Fluido que, con un poco de suerte, irá a parar lo suficientemente lejos como para no tener que distinguir la gravedad del resfriado.
Por último chicas, está lo que llamaremos el hombre mono, aquel que buscará aplacar las picazones, acomodar su ropa interior o barajar su mercadería en cualquier momento y en cualquier lugar. Y cómo si el hecho de ser testigos de tal desagradable actividad no nos fuera suficiente, debemos estar atentas a cualquier intento por usar las manos con toda naturalidad.
En resumidas cuentas, como dije en el comienzo existe una gran diferencia entre sentirse invisible y serlo, y desafortunadamente Taconeras nuestros hombres y sus hábitos no lo son.

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