ambulancia

Bárbara Loiss: miedos

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La ambulancia circulaba veloz por las calles de la ciudad sin dejar pensar demasiado a Federico, quien no soltaba la mano de Bárbara. Ella estaba inconciente en la camilla, mientras era atendida por los paramédicos. Por su mente transcurrían las imágenes que la dejaron con un disparo en el pecho ante la mirada atónita de Tomás, quien huyó rápidamente del departamento.

- Bárbara ¡no te mueras, no me dejes aquí!… Necesitamos conversar y ver qué nos pasó, qué le pasó a la niña que conocí…

Pero Bárbara no podía oír el susurro de Federico. Llegaron a la clínica y él no tuvo más remedio que esperar. Al poco rato llegó la madre de Bárbara, a quien no pudo explicarle demasiado lo que había sucedido porque ni él mismo lograba comprender cómo habían llegado a esto.

- Fue todo tan rápido…dijo.
- ¿Quién le disparó a mi hija? –preguntó ella alterada- ¿acaso fuiste tú? Desde que te vi cuando ella chocó en el auto supe que nada bueno le iba a pasar a su vida si estaba contigo.

Federico iba a responder cuando se le acercó la policía para interrogarlo. Mientras, Tomás viajaba a toda velocidad rumbo a Valparaíso, lugar donde había estado planeando su encuentro con Bárbara durante todos estos años. Él nunca había pensado matarla, sólamente deseaba asustarla. Sin embargo, la situación se le había escapado de las manos, por eso decidió alejarse, tal vez un poco tarde. Su mente estaba inundada de recuerdos y algunas frases de arrepentimiento. Recordó la primera vez que la había amado, lo sencilla y fresca que era en aquellos años universitarios. Se sintió culpable de su transformación y responsable de aquel giro que ella había dado a su vida. Observó la hora y decidó cambiar su rumbo.

Bárbara, ajena a todo lo que ocurría, se mantenía muy grave. Tras algunas interminables horas, el médico le informó a su madre que ella se encontraba en coma. La mujer rompió en llanto sin poder reaccionar. Federico, tras enfrentar los interrogatorios, la abrazo entre sollozos.

Usted sabe que jamás podría haberle hecho daño. Fue ese hombre llamado Tomás quien le disparó tras empujarla al suelo. Quise evitarlo, pero fue demasiado tarde. Lo último que ella pronunció fue mi nombre, como si hubiese querido decirme algo. Por eso no la dejaré sola, en realidad no me importa qué tanto la haya hecho cambiar ese sujeto.

Él la hizo sufrir mucho- pronunció la mujer.
No sé exactamente qué sucedió, pero la amo desde que la conocí, y la esperaré el tiempo que sea necesario, dijo Federico.

De pronto apareció en el fondo del pasillo la figura de Tomás. Se escondió para no ser visto; había regresado para entregarse. No soportaba la culpa de haber convertido a Bárbara en una mujer fría y llena de miedos. Y mucho menos de convertirse en su asesino.

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