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Bárbara Loiss: un pasado oscuro

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El rostro de Bárbara palideció. No supo qué decir, miraba nerviosa a Federico pensando que notaría su conducta.

–¿Vamos? –le dijo al mismo tiempo que intentaba buscar nuevamente la figura de Tomás en el espejo. Pensó que quizás se estaba volviendo loca, que se trataba sólo de una visión.
–í, Bárbara, necesitamos conversar –respondió Federico distraído- después te llevo de vuelta a la clínica.
–Está bien.
–¿Te pasa algo?
–No –mintió.
–Te noto extraña.
– ¡Obvio! –expresó, tratando de desviar la atención– me llamaste diciendo que necesitabas conversar urgente conmigo. Estos días no han sido buenos ¿sabes? Estás a punto de casarte, nos encontramos y terminamos en un beso, mi novio no es lo que yo creía, me arranqué de una clínica, ¿qué viene ahora? Seguir leyendo »

Bárbara Loiss: las respuestas

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Bárbara comenzó a preguntarse cómo había sucedido todo esto. Caminó largo rato por la calle, recordando de pronto, que se había escapado de la clínica. Se detuvo, tratando de decidir si lo mejor era volver, aunque se sintió una tonta tan sólo por tener aquella idea, así que continuó avanzando.

Al llegar a una plaza cercana se sentó a observar cómo jugaban unos niños. Pensó tantas cosas… Recordó la escena junto a Alejandro, ¿cómo podía ser posible que siendo homosexual quisiera estar con ella?, era realmente insólito. Bien sabía Bárbara que eso jamás sucede, que él no podría haberse enamorado de ella jamás. Entonces, ¿cómo podía ser que él quisiese dejar todo su pasado atrás para casarse? Seguir leyendo »

Bárbara Loiss: la revelación

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Bárbara sintió que el mundo se le venía encima. Entendió por qué Alejandro insistía con la idea del matrimonio y había pasado por alto su infidelidad. Las lágrimas le mojaban por completo su cara. Se sentía utilizada, no sabía que hacer.

Entonces decidió levantarse de la cama y salir de la clínica. Fue al baño, se vistió rápidamente y se escabulló por los pasillos sin ser vista. Algunas enfermeras la observaron dudosas, pero ella no se detuvo: estaba decidida a salir de ese lugar.

Ya lejos del recinto, a unas dos cuadras, Bárbara pensó que la mejor opción era tomar algún taxi o un microbús. Cavilaba en aquello cuando, de pronto, divisó a Alejandro en la vereda del frente.

La sorpresa de Bárbara fue mayúscula. Corrió rápidamente hacia un muro cercano y se escondió. No sabía qué hacer, cómo reaccionar. Allí estaba su novio, con quien había compartido casi tres años de su vida, el hombre que, supuso, era el amor de su vida. Claro, antes del reencuentro con Federico y, por supuesto, mucho antes de conocer la fatídica verdad.

Tomó su celular y, desde su escondite, decidió llamar a Alejandro. Estaba nerviosa, no sabía muy bien cuál iba ser su reacción al escuchar su voz. Pero siguió con el plan.

- ¿Aló, Alejandro? Soy yo, Bárbara. ¿Dónde estás?
- Acá, cerca de la clínica. ¿Estás bien?, ¿leíste mi carta? –preguntó nervioso.
- Si imbécil, le leí –contestó Bárbara fuera de control- y estoy mirando cómo aún no puedes olvidar a tu antiguo amor.
- ¿Qué? –cuestionó Alejandro- ¿dónde estás?, ¿te dieron el alta?
- ¡Qué te importa! –gritó Bárbara. Justo en ese momento Alejandro se percató que ella lo observaba desde la vereda de enfrente y cruzó la calle de inmediato.

Bárbara apagó el teléfono y salió corriendo de su escondite para evitar que Alejandro la alcanzara. Se sentía aún adolorida, y el cuello ortopédico le molestaba al caminar. Sin embargo, sus intentos fueron vanos, su novio la tomó de pronto por el brazo izquierdo.

- Bárbara, necesitamos conversar.
- Ya lo vi todo, esto se acabó.
- No es lo que piensas- respondió él.
- ¿Ah no? –preguntó Bárbara con los ojos hinchados- ¿me vas a negar acaso que estabas con él?
- No Bárbara, no te lo voy a negar –sentenció Alejandro- Claudio es mi antiguo amor, pero eso quedó en el pasado.
- ¿Cómo te atreves a confesarme tu homosexualidad en una carta?, estás loco.
- Pero Bárbara, me di cuenta que tu eres el amor de mi vida, sin ti me muero. Dejemos nuestros errores atrás y empecemos de nuevo.

Bárbara se dio media vuelta y caminó unos segundos. De pronto se detuvo y volteó para observar a Alejandro. Su rostro parecía desenfocado.

- Esto se acabó- pronunció.

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