Soy dueña de casa 24/7

Cuando era cabra me cargaba esa denominación. Me decía a mí misma que jamás sería dueña de casa, porque vengo de una típica familia chilena machista, donde los hombres flojean y las mujeres – dueñas de casa– se sacan la ‘cresta’ haciendo una y mil cosas. No, gracias.
Recuerdo cuando estuve con licencia y fui al supermercado en la mañana… a la hora que todos trabajan. Se me acercó una promotora para ofrecerme la tarjeta de crédito “para la dueña de casa”. ¡Lo sentí como un insulto! Le expliqué que no era dueña de casa, que estaba con licencia. Error… una es dueña de casa aunque trabaje. Sí pues, hay que preocuparse de miles de cosas para que el hogar funcione, aunque tengas nana: ir al supermercado, a la feria, ver qué hay para cocinar, la ropa que lavar, desmanchar, el planchado, y suma y sigue.
Con el paso de los años hice las paces con mi historia familiar machista y me di cuenta de que igual era dueña de casa, hiciera lo que hiciera. Pero me autotranquilizaba (en forma inconsciente) porque como tenía un trabajo, sólo lo era a medias. Hasta que me embaracé. Después de que tuve a mi hermosa hija, me di cuenta que no sería capaz de dejarla en una sala cuna. Además, mi empleo me aburría soberanamente y no me dolió dejarlo. Y así fue como llegué a ser dueña de casa 24/7 (24 horas al día, los 7 días de la semana). De hecho, esta columna la escribo mientras mi hija duerme la siesta, rato que también aprovecho para almorzar tranquila, hacer un queque y navegar en varios de mi sitios favoritos.
¿Y para qué me voy a maquillar y vestir bonita todos los días? Lo dejo para el ‘fin de’, en la semana prefiero los buzos (lindos eso sí), el cepillo en el pelo y sería todo. Ser dueña de casa en estos tiempos, en que todas trabajan no es fácil: eres la bicho raro, la disidente y para rematarla.. mantenida. Pero ese es tema para otro post…
Taconeras









