Quien nos entiende

QNE: Cosechando Naranjas

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Una caipiriña para tranquilizar a la señorita– fue lo último que escuché
No, mejor una cerveza– dije desde la camilla, tratando de participar en la broma y me dormí.
Cuando desperté ya estaban conmigo. Rápida, sencilla y como si se tratase de un trámite, así fue como viví la operación de mis implantes.

¡¡¡¡¡Sí chicas… ya tengo lolas!!!! Aunque debo confesar que los signos de exclamación son pura formalidad. ¿Qué si estoy arrepentida? Nada de eso es que resultó ser que lo más complicado de todo este asunto de las cirugías estéticas no es justamente ese el momento crucial sino el antes y el después. Seguir leyendo »

Ellos, los eternos adolescentes

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Según la Organización Mundial de la Salud: “la adolescencia es la etapa que transcurre entre los 10 y 19 años de edad, en la que se producen grandes cambios físicos, sicológicos y sociales”. Los mismos jóvenes la describen como el período de búsqueda de la propia identidad. Para los padres, en cambio, es el enfrentamiento a la incipiente revolución hormonal de sus hijos. Pero el tema de esta columna, mis queridas Taconeras, no pasa por ninguno de estos ejes, sino por la temible reinterpretación que nuestros hombres hacen de este término. Pues para la gran mayoría de los varones la adolescencia es ese período indeterminado al que ingresaron luego de descubrirse el primer vello en el pecho y al que tratarán de aferrarse cueste lo que cueste.
Hablemos ahora de las características de estos personajes que, haciendo caso omiso de su edad, su apariencia o su estado civil, continúan actuando como eternos adolescentes. Seguir leyendo »

¿Qué me pasa? ¿Por qué pesa?

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Queridas Taconeras, seguramente alguna vez les habrá pasado lo que a mí, eso de levantarnos un día y darnos cuenta de que nuestro cuerpo ya no es el mismo, peor aún, de que no nos responde de la misma manera que hace algunos años. Si coinciden conmigo entenderán estos versos y sino, disfruten lo que les queda porque algún día lo harán.
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¡¡Te arrepentirás de haberme dejado!!

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“Estuve pensando María y creo que lo nuestro no da para más”, “Sería mejor tomarnos un tiempo”, “No lo tomes a mal, pero conocí a alguien más”
. Entre otras, estas son algunas de las frases capaces de erizarnos la piel, triturarnos el corazón y echar a andar el cerebro de cualquier mujer. ¿Pensando cómo recuperar ese amor perdido? Por supuesto que no, ideando un plan para que quien no supo valorar lo ofrecido, se retuerza en su propio arrepentimiento. Pues, creo que hay pocas cosas más peligrosas en esta vida que una mujer despechada.En vez de perder tiempo torturándonos por lo que podríamos haber hecho durante la relación, la mayoría de las chicas enfocamos la energía en todo lo que haremos en pos a un único objetivo: Lograr el arrepentimiento por tal brutal decisión. Tras esta búsqueda surgen una serie de acciones recurrentes a las que denominaremos “patrones de venganza”. Seguir leyendo »

Con el mundo a nuestros pies

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-¡Por Dios, ¿cuántos pares de zapatos tienes?!- preguntó un día ingenuamente Roberto sin saber que, al igual que el peso y la edad, la cantidad de zapatos es otra de las cifras incuestionables para una mujer.

-¿Acaso yo pregunto cuántos encendedores, calzoncillos o desodorantes tienes tú? Quiero que entiendas una cosa Roberto, mientras quede una boutique por descubrir, alguna oferta por fin de temporada o una nueva colección que merezca ser admirada, habrá un espacio esperando en mi closet.

Sin embargo, es errado pensar que la fascinación femenina por los zapatos es una mera cuestión de banalidades. La elección que hacemos día a día de lo que llevamos puesto, va más allá de cualquier atribución superflua. Actualmente, las mujeres somos una explosión de sentimientos, momentos y expresiones que se ven reflejados, también en nuestros pies. Por ejemplo, hay días en los que necesitamos sentir la femineidad a flor de piel y recurrimos a las ballerinas, versión moderna de la zapatilla de cristal y pieza clave para convertirnos en la ‘princesa’ de nuestro propio cuento de hadas. Otras veces, en cambio, buscamos en las botas ese toque arrebatador que nos haga ver seguras en nuestro andar, desafiantes y dispuestas -por qué no- a dar el primer paso. Seguir leyendo »

¡Veo, Veo! ¿Qué ves?

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Existe una gran diferencia entre sentirse invisible y serlo, sin embargo creo que los hombres aún no se han dado cuenta de ello. Por otro lado, podría haber una explicación menos fantástica que tiene que ver con el lado salvaje de este género, aquel que pese a los intentos furtivos de la evolución natural, los machos no han podido dominar…
No se asusten Taconeras, la columna de hoy nada tiene que ver con la ciencia, pero sí con la necesidad de encontrar fundamentos mínimos al por qué de todas esas desagradables acciones, que los hombres ejecutan sin importarles nuestra presencia, ni mucho menos nuestros posteriores reproches.
Para ser más clara vayamos a lo gráfico, estoy hablando de las miradas sin disimulo, las manos indiscretas, los catarros expulsados libremente y de todos esos instintos masculinos que acercan a esta especie a sus orígenes primitivos adjudicándoles características cuasi-animales.
Comencemos con el sentido de la vista. Siempre he dicho que Dios nos ha puesto los ojos para mirar. No obstante creo también en la diferencia entre hacerlo con disimulo y la desconsideración de intentar expandir el globo ocular a fin de no perderse ni el más mínimo detalle. Dentro de este rubro encontramos además distintas especialidades, ya que según lo que se esté mirando los hombres modificarán la estrategia. Por ejemplo, si se trata de un par prominente de ‘pechugas’ ellos aplicarán la mirada del búho, esa que les permite girar el cuello a 360º y regresar tranquilamente a su posición una vez que la presa se ha alejado.
Está también la maniobra del águila, ya que al igual que esta fantástica ave de rapiña, los hombres perseguirán con la mirada cualquier trasero importante. Ustedes mismas pueden hacer la prueba, sólo basta voltear rápidamente luego de pasar frente a un grupo de chicos para descubrir sus ojos enfocados en nuestra retaguardia.
Por último, este grupo incluye la expresión gatuna, esa ojeadita tierna que ellos usarán para ganarse nuestro perdón luego de descubrirlos fisgoneando los atributos de otras mujeres.
Continuando con las similitudes animales, tenemos al hombre llama, la especie masculina que asociaremos con este rumiante por su habilidad de despojarse de lo que no le sirve con un severo escupitajo. Fluido que, con un poco de suerte, irá a parar lo suficientemente lejos como para no tener que distinguir la gravedad del resfriado.
Por último chicas, está lo que llamaremos el hombre mono, aquel que buscará aplacar las picazones, acomodar su ropa interior o barajar su mercadería en cualquier momento y en cualquier lugar. Y cómo si el hecho de ser testigos de tal desagradable actividad no nos fuera suficiente, debemos estar atentas a cualquier intento por usar las manos con toda naturalidad.
En resumidas cuentas, como dije en el comienzo existe una gran diferencia entre sentirse invisible y serlo, y desafortunadamente Taconeras nuestros hombres y sus hábitos no lo son.

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