Publicado por Virginia Palazzi bajo Mundo Mujer el 25 de Enero de 2010.

Existe una gran diferencia entre sentirse invisible y serlo, sin embargo creo que los hombres aún no se han dado cuenta de ello. Por otro lado, podría haber una explicación menos fantástica que tiene que ver con el lado salvaje de este género, aquel que pese a los intentos furtivos de la evolución natural, los machos no han podido dominar…
No se asusten Taconeras, la columna de hoy nada tiene que ver con la ciencia, pero sí con la necesidad de encontrar fundamentos mínimos al por qué de todas esas desagradables acciones, que los hombres ejecutan sin importarles nuestra presencia, ni mucho menos nuestros posteriores reproches.
Para ser más clara vayamos a lo gráfico, estoy hablando de las miradas sin disimulo, las manos indiscretas, los catarros expulsados libremente y de todos esos instintos masculinos que acercan a esta especie a sus orígenes primitivos adjudicándoles características cuasi-animales.
Comencemos con el sentido de la vista. Siempre he dicho que Dios nos ha puesto los ojos para mirar. No obstante creo también en la diferencia entre hacerlo con disimulo y la desconsideración de intentar expandir el globo ocular a fin de no perderse ni el más mínimo detalle. Dentro de este rubro encontramos además distintas especialidades, ya que según lo que se esté mirando los hombres modificarán la estrategia. Por ejemplo, si se trata de un par prominente de ‘pechugas’ ellos aplicarán la mirada del búho, esa que les permite girar el cuello a 360º y regresar tranquilamente a su posición una vez que la presa se ha alejado.
Está también la maniobra del águila, ya que al igual que esta fantástica ave de rapiña, los hombres perseguirán con la mirada cualquier trasero importante. Ustedes mismas pueden hacer la prueba, sólo basta voltear rápidamente luego de pasar frente a un grupo de chicos para descubrir sus ojos enfocados en nuestra retaguardia.
Por último, este grupo incluye la expresión gatuna, esa ojeadita tierna que ellos usarán para ganarse nuestro perdón luego de descubrirlos fisgoneando los atributos de otras mujeres.
Continuando con las similitudes animales, tenemos al hombre llama, la especie masculina que asociaremos con este rumiante por su habilidad de despojarse de lo que no le sirve con un severo escupitajo. Fluido que, con un poco de suerte, irá a parar lo suficientemente lejos como para no tener que distinguir la gravedad del resfriado.
Por último chicas, está lo que llamaremos el hombre mono, aquel que buscará aplacar las picazones, acomodar su ropa interior o barajar su mercadería en cualquier momento y en cualquier lugar. Y cómo si el hecho de ser testigos de tal desagradable actividad no nos fuera suficiente, debemos estar atentas a cualquier intento por usar las manos con toda naturalidad.
En resumidas cuentas, como dije en el comienzo existe una gran diferencia entre sentirse invisible y serlo, y desafortunadamente Taconeras nuestros hombres y sus hábitos no lo son.
Publicado por Virginia Palazzi bajo Mundo Mujer el 13 de Enero de 2010.

En la playa la arena parece de plata, más atrás, el mar turquesa, aterciopelado y listo para el mejor de los chapuzones, a lo lejos el sol se sumerge en la infinidad de las aguas mientras poco a poco va indicando la hora de volver al hotel. Será el año que viene- pienso interrumpiendo la fantasía y guardo el paisaje de la revista nuevamente en el velador.
A todas nos ha pasado alguna vez eso de las vacaciones frustradas. A veces por razones de salud, otras por falta de permiso en el trabajo o simplemente porque el chanchito no alcanzó a engordar lo suficiente como para costear los planes veraniegos. Sea como sea, ante el triste panorama de las maletas en desuso siempre nos quedan dos caminos: podemos quedarnos con la cara larga echando macumbas para que la lluvia interrumpa la dicha de los más afortunados, o bien buscar la mejor manera de disfrutar de la suerte que nos toca. Seguir leyendo »
Publicado por Virginia Palazzi bajo Mundo Mujer el 14 de Diciembre de 2009.

Haciendo honor al título central de este espacio denominado ‘Quien nos Entiende’ hoy quisiera dedicar unas líneas a otro más de los hechos que nos ubican entre la especie menos comprendida del universo. Hoy vamos a hablar de regalos, ya que sólo nosotras sabemos cuán difícil puede ser el arte de dar y recibir correctamente.
Partiendo de lo obvio, queda más que claro que a nosotras nos encanta que nos sorprendan con un presente. Adoramos las emociones desprevenidas, los paquetes misteriosos y cualquier gesto que desestabilice el rutinario desinterés masculino.
Ahora bien, ’sorprender’ puede ser considerado un hecho sencillo. Sin embargo, sólo quien ha intentado hacerlo con una mujer sabe lo desacertada que puede llegar a ser esta afirmación. Por eso, he aquí una guía practica de sugerencias de lo que NO DEBEN hacer los hombres, si su objetivo es quedar como reyes.
Error 1: si hay algo que a las mujeres nos enfurece es el facilismo masculino como, ‘¿mi amor, qué quieres que te regale para tu cumpleaños?’. ¿Qué, acaso no nos conocen lo suficiente como para saber si somos fanáticas de las carteras, si nos hace falta otro par de zapatos negros o si se nos acabó nuestro perfume preferido?
Error 2: si usted ya cometió el gravísimo desliz de cuestionar a su agasajada sobre lo que le gustaría tener, no siga metiendo la pata. En nuestro idioma la respuesta ‘nada’, no funciona como tal, ya que detrás de estas cuatro letras puede leerse un clarísimo y subliminal mensaje: ‘más te vale que sea algo grande, caro y moderno’. Seguir leyendo »
Publicado por Virginia Palazzi bajo Mundo Mujer el 16 de Noviembre de 2009.

Mi amado Roberto:
Se que siempre he defendido la comunicación cara a cara y el diálogo sincero, pero siento que esta vez se ha vuelto necesario escribirte. No quiero que pienses que es una excusa para no decirte las cosas de frente, es sólo que cuando intento hablar contigo estás cansado, ocupado o simplemente no tienes ganas de escucharme.
Todavía guardo en mi mente la imagen de aquel muchacho que supo enamorarme. Cuando te vi por primera vez traías pantalones anchos, camisa blanca y el rostro cubierto por ese mechón desprolijo que tanto indignaba a mi padre. Pero la primera impresión duró poco. Tú sabías cuán importante era mi familia para mí y te propusiste conquistarla. Y así fue, luego de conocerte, los almuerzos de domingos fueron tuyos y de tus ocurrentes anécdotas. Seguir leyendo »
Publicado por Virginia Palazzi bajo Mundo Mujer el 3 de Noviembre de 2009.

Hace poco salí a la calle a hacer una encuesta para un programa de televisión local. La pregunta fue simple: ¿Crees que las mujeres somos exigentes al momento de buscar pareja? Como era de suponerse, la cosa no terminó ahí ya que del debate se desprendieron cosas como las características que nos gustaría que tuviera el compañero ideal y las todas esas pequeñas y grandes cosas que le restan puntos a un hombre.
¡Taconeras, no les puedo explicar lo mucho que me divirtieron las ocurrentes respuestas entregadas por las entrevistadas! Por eso esta vez, en mi columna quisiera compartir con ustedes algunas conclusiones sobre este entretenido tema.
En primer lugar, todas las mujeres se reconocieron exigentes a la hora de elegir al hombre de sus sueños. Y no sólo eso, sino que se mostraron orgullosas de serlo: “Por supuesto que somos pretenciosas querida, te imaginarás que toda esta mercadería no puede ser echada a la suerte. Tengo que encontrar a alguien que se lo merezca”- explicó Marcela mientras dibujaba sus curvas con las manos. “Obvio que exigimos, si no tienes cuidado puedes terminar enamorándote de cualquier cosa y después no hay marcha atrás”- dijo Norma entre risas de complicidad. Seguir leyendo »
Publicado por Virginia Palazzi bajo Mundo Mujer el 20 de Octubre de 2009.

Taconeras, el domingo 18 de octubre los argentinos festejamos el día de la Madre. Por eso, en esta oportunidad quisiera dedicar este espacio a mamá, esa persona que sin pedir nada a cambio nos regala su amor incondicional.
Hace unos días, mientras estaba en el trabajo, recibí un mensaje de texto que me dejó sin palabras: “Son un tesoro tan grande que a veces me sorprende que hayan salido de mi”. No sé cual habrá sido la reacción de mis hermanas, lo que les puedo decir es que a mí me empañó los ojos y me llevó a reflexionar.
Al margen de la transmisión genética que muchas veces nos convierte en pequeños clones de nuestras progenitoras, las hijas somos -en la mayoría de los casos- fieles reflejos de nuestras mamás. No por nada hemos escuchado frases como: “de tal palo tal astilla”,o “si quieres saber cómo será tu esposa en unos años más mira primero a tu suegra”.
¡Nada más cierto! Yo lo descubrí hace muy poco, cuando luego de prepararme el café matutino, ese que hago muy apurada, regresé con prisa a la cocina y aún sabiendo que llegaba tarde al trabajo, dediqué unos minutos a organizar la azucarera, la leche en polvo y el resto de los frascos desparramados en había en la despensa. Ya en camino, pensé en la naturalidad de aquella actitud, y en lo mucho que hubiera sorprendido a quienes me conocen y saben que el orden no es una de mis mayores virtudes. Así fue como la lista de similitudes creció y me descubrí fanática de las películas románticas, adicta al mate dulce por la siesta, y portadora del mismo mal humor los viernes por la noche, cuando el cuerpo pide a gritos un descasno y aún queda mucho por hacer.
Si bien la diferentes circunstancias nos llevan a desenvolver personalidades propias, a la que se suman también los aportes de papá, creo que ninguna mujer podría jurarse completamente diferente a su madre. Pensemos sino en todas aquellas veces que nos encontramos haciendo con los hijos las mismas cosas que prometimos desde pequeñas no imitar. Ocurre, que poco a poco la vida nos enseña que el amor incondicional es también prohibición, reproches, protección, rectitud y sobre todo capacidad para transmitir los buenos valores y costumbres.
Queridas madres… tal vez nunca nos vean como ustedes, levantadas a las seis de la mañana para organizar el hogar, amasando tallarines caseros u ofreciéndonos calladas a lavar los platos sucios luego de un almuerzo familiar. Pero por favor, nunca duden de que todos esos pequeños logros, que de alguna manera enorgullecen su corazón maternal, fueron indudablemente gracias a ustedes y a su ejemplo de vida.
Taconeras las invito a dejar en este espacio un comentario dedicado a mamá y esas cosas que día a día nos asemejan más a ellas.
Columna anterior Quien nos entiende Vicky Palazzi