vacaciones

Capítulo 2: ¡Hola Año Nuevo! Preparando el Trekking al Glaciar

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Si el ascenso fue toda una aventura el descenso una odisea. En el camino dos turistas extranjeros haciendo dedo….”Aurora ¡No!, ya sabes que jamás debes llevar a alguien que no conoces”… Y en fracciones de segundos, se activó mi resonancia magnética visual y pensé: “pobres están cansados, cargados como ekekos”… me detuve… ¡Los llevo! Sus caras se iluminaron. Me bajé de la camioneta abrí el portamaletas y los ayudé a subir su pesada pero ordenada carga. Seguir leyendo »

Capitulo I: ¡Hola Año Nuevo! ¿Te Tinca Comenzar de Guatita al Sol?

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“Calentando motores para dar el 1.000% durante el 2012”…Con este enérgico mensaje finalicé el año, sin embargo, lo que no sabía era que el 1º de enero lo iba a iniciar convertida en “una todo terreno” y lista para atacar la cumbre… ¿¿¡¡Queeeeé!!???? Si y aunque de frentón les confieso que no logré llegar a la cima, el haber aventurado en un terreno totalmente desconocido, sembró en mi un nuevo deseo… impulso… ¿qué tal si lo dejamos en un nuevo desafío? (me encanta esta palabra…”desafío”…. Encuentro que le aporta una cuota de prudencia a la pasión), y esta vez, se gestó gracias a un paseo sin rumbo, que pretendía tímidamente partir el año de “guatita al sol” y por poco termino en la laguna El Morado, es decir,  a 2.400 metros sobre el nivel de mar.  Seguir leyendo »

El verano se hace sal y agua

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El verano y, especialmente, las vacaciones se convierten en la época más esperada del año. Es el momento donde se acrecienta la valorización de las cosas simples y donde la única preocupación después de levantarse es definir qué almorzar y qué cenar. ¡Esas son las mejores vacaciones! Un día habitual en este período es levantarse alrededor de las diez de la mañana, tomar un desayuno contundente sin importar calorías contenidas en él y luego comienzar los preparativos para la media mañana y para la tarde de playa, lo que aparte de descansar y no pensar en nada, se convierte en un consumismo compulsivo. A diferencia de comprar ropa caminando kilómetros y kilómetros en un mall, este proceso se realiza acostado, ya sea de guata al sol o de espalda a éste. El único ejercicio y gasto de energía es levantar la cabeza para divisar a cuanto vendedor pueda pasar frente a nosotros. La relación con él no tiene un contacto visual, sino que es la única transacción que se relaciona entre la mirada del comprador y los pies descalzos del vendedor.
En el proceso mercantil descrito, los productos que se venden pueden ser desde baldes y palas, palmeras de masa de hoja envueltas en una bolsa transpirada y transparente, helados, bebidas, pan de huevo, maní salado, también del confitado, berlines, cuchiflíes, barquillos, paletas dulces, en fin harta caloría para ayudar a subir lo que se bajo en el gimnasio antes de salir de vacaciones.
Por supuesto que todo lo anterior tiene un precio y por más que llevemos dinero a la playa, éste se convierte en sal y agua, es decir se desvanece entre las manos. Lo mismo pasa ya al atardecer en donde el agua y el aire marino nos convierte en energúmenos voraces que somos capaces de comer lo que se nos presente por delante, considerando sándwich y sus rellenos como el mejor aliado para la hora del té.
La ducha post playa es la más reponedora y nos deja listos para dar un par de vueltas en la típica feria artesanal que está instalada en el sector veraniego. Ahí, nuevamente, vienen las ansias de comprar tonterías que no sirven a nadie, desde artesanías que ya dejaron de serlo, considerando que son fabricadas en grandes producciones en China y ya no tienen el valor del ‘hecho a mano’. Nuevamente, el dinero se nos escapa como agua entre los dedos.
Lo mismo pasa con los días, que se hacen cada vez más cortos y el desgano por volver a la ciudad y a la rutina comienza a crecer, sacando como única conclusión que las vacaciones fueron muy cortas y siempre es necesario tener unos días más.
Ya en los últimos días de descanso, poco queda de todo y lo que siempre nos sobrará en la despensa será la ‘sal’, es por esto que aconsejo en los pocos días que les quedan, comprar un pescado entero en la caleta o lugar donde esté fresco y llevarlo a su casa. No acepten que se los den fileteado, sino que lávenlo muy bien bajo el chorro de la llave, posteriormente séquenlo con papel absorbente y pongan en la bandeja del horno una capa gruesa de sal, acuesten el pescado sobre esta cama salina y cubránlo con el resto de la sal. La realización de este plato debe ser no escatimando el consumo de sal, es decir no debe haber algún registro de pescado en la superficie de la sal.
Si no me entienden qué hacer, es el símil de cuando entierran a sus hijos bajo la arena, dejando sólo la cabeza de ellos afuera. Deben hacer lo mismo con el pescado, a diferencia de que la cabeza también debe ser cubierta. Lleven la bandeja, con pescado a la sal, a horno medio por 40 minutos y esperen a que la sal se deshidrate y quede una corteza muy dura. Una vez transcurrido el tiempo, podrán sacar por capas la sal compactada en la cubierta del pescado. Retiren con cuidado la piel y acompáñenlo con ensaladas a su gusto.
Recuerden que en el período de vacaciones se deben valorar las cosas simples, como esta rica receta que nos ayudará a disfrutar de un plato diferente, que sólo se necesita un pescado fresco, entusiasmo y cariño de quien lo ejecuta. Lo que sí puedo asegurarles es que queda tan sabroso como todas las cosas en el verano. Esta delicia de plato se hará sal y agua.

Portaequipajes.cl: Simplifica tus viajes en vacaciones

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La tienda ofrece las más innovadoras y modernas cajas de equipajes para realizar los viajes de una manera cómoda y segura, a precios ultra convenientes. Además destacan en esta nueva temporada su renovada línea de accesorios entre los que destacan Porta motos; Porta Canoas, botes, Kayak , Tablas de Surf, y  sus Ramplas multiuso.

Pensando en la comodidad de quienes ya tienen listas sus vacaciones y deben transportar cientos de artículos para disfrutarlas de la mejor manera posible, Portaequipajes.cl está ofreciendo el arriendo de las más innovadoras y modernas cajas de equipajes para realizar los viajes de una manera cómoda y segura, a precios ultra convenientes

En su tienda ubicada en la comuna de La Reina,  es posible encontrar el más completo stock del mercado de productos de la afamada marca Thule, con adaptaciones para cada modelo de automóviles existentes en el parque automotriz del país. Los precios de arriendo van desde los $3.900 hasta los $15.900 diarios dependiendo de la capacidad que contengan.

Entre los más de cien modelos disponibles, destacan el Thule Ocean 80, que permite transportar una carga de hasta 50 kilos; el Pacific 100, con sistema de bloqueo central y llaves de seguridad, evitando así posibles robos de la carga; además del modelo Thule Pacific 200, con una capacidad de 450 Litros y el transporte de hasta 75 kilos de carga.

“Portaequipajes.cl es una tienda enfocada en facilitar los viajes de todas esas personas que no están dispuestas a invertir más de 400 mil pesos en un portaequipajes o que, por simplemente usarlos sólo en esta temporada veraniega, después no tienen dónde guardarlos o no quieren llevarlos siempre en sus autos por la incomodidad que ello significa”, explica Jorge Salinas, dueño de Portaequipajes.cl

Para arrendar los portaequipajes sólo basta con acercarse a la tienda ubicada en Avenida Ossa 2166 (a pasos de  las Luciérnagas) La Reina-, escoger el modelo que más se acerque a las necesidades de cada uno y esperar tan sólo media hora para que los especialistas de PortaEquipajes.cl lo instalen.

Portaequipajes.cl atiende de lunes a viernes de 9:00 a 19:00 horas, y los días sábado de 9:00 a 14:00 horas, en Av. Ossa 2166 (a pasos de  las Luciérnagas) La Reina .Mayor información en el: 227 42 05 – 277 43 30- 226 1982 o en www.portaequipajes.cl

De regreso

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Queridas Taconeras, las abandoné por unas agradables semanas de vacaciones, que no les puedo negar estuvieron espectaculares. Obvio, para todos unas semanitas de descanso y relax son muy bienvenidas, pero les debo reconocer que, en especial, durante éstas no hice ‘ABSOLUTAMENTE NADA’. Decidí que, por primera vez, no iba a seguir el ritmo del resto de mi familia y así fue, lo mejor es que todos respetaron mi decisión. Por lo que les puedo contar que aparte de dormir todos los días hasta las 11:30 de la mañana, abrir las cortinas y ver que me esperaba un maravilloso día de playa era suficiente para esbozar más que una agradable sonrisa. Acto seguido tomaba el diario y me leía hasta esas pequeñas noticias que salen en la primera página de El Mercurio, dónde te dicen lo que se publicaba hasta hace 150 años atrás. Eso sí que es tener tiempo. Para qué decirles que estoy más que informaba con las alzas y bajas de la bolsa y todo el problema que hay en Egipto. Curiosamente, lo único que no miré en detalle fueron las páginas sociales, algo que no me pierdo durante el año. Obviamente ésto acompañado de un  nutritivo y abundante desayuno. Y de ahí lista para partir a la playa. Ducha, protector solar, traje de baño y playa, playa, playa!!! Por suerte todos los días estuvieron con un sol que no se dejó esconder para nada.

Cuando ya era hora de abandonar ese bello paisaje con un sol que comenzaba a esconderse y de haber leído toda la tarde, partía de regreso a casa donde estaba mi hija con unas amigas viendo alguna de las muchas películas que habíamos llevado. Y de ahí a preparar aperitivo, comida o asado. O sea, como ven nada estresante porque además ni siquiera tenía que tomar el auto, sólo caminar 10 minutos que fue el único deporte, si es que se le puede llamar deporte, que hice. Pero se acabaron y ya estoy nuevamente en mi escritorio, poniéndome al día y comenzando a teclear, una actividad que me tomará todo el año y aunque parezca ‘raro’ le sacaré harto ¡partido!

Vacaciones, Segunda Parte

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Queridas Taconeras: Aquí está la segunda parte de la anécdota que me marcó en unas vacaciones de verano…

La familia de mi mamá siempre vivió en Viña del Mar y su  hermana me invitaba todos los veranos  a pasar una temporada en su casa. Tenía dos hijas, la Pauli, que era de mi  edad y la Caro, cinco años menor. Yo esperaba con ansias esas vacaciones, porque eran divertidas; salíamos a caminar por la Avenida Perú, tomábamos café helado en el Samoyedo, íbamos al cine a ver películas de Adriano Celentano y la Ornella Muti, jugábamos cartas con mi abuela y nos gustaba ir al Sporting a ver las carreras de caballos. La playa era un panorama más escaso, es que en verano no se podía ni caminar de tanta gente que iba, y como ellos vivían ahí, tenían mar todo el año…y a mí me daba lo mismo no ir tan seguido, porque siempre hacíamos cosas que nos ocupaban los días. Caminar solas con la Pauli por los orientes y los ponientes era una de las cosas que más me gustaban. Yo encontraba tan inteligentes a los viñamarinos que no se complicaban buscando nombres para sus calles, los orientes iban para un lado y los ponientes, para el otro y se acabó el problema.

Un verano mis papás no pudieron ir a dejarme a Viña, porque los dos trabajaban, por lo tanto, las posibilidades de que yo partiera con destino  a mis vacaciones, se veían cada vez más lejanas. Después de mucho pensarlo, decidieron que me fuera sola en bus. Mi mamá se coordinó con su hermana, para que me esperara en el  terminal de Viña del Mar, un 7 de enero a las 16:00hrs. Luego de hablar con el chofer largo rato, de dejarme encargada con el ayudante y de mirarme una y otra vez antes de de que me subiera al bus, como contándome cuantos ojos tenía, cuantas orejas, cuantos dedos, ahí recién pude subir y sentarme. Me había dado plata para que invitara a mis primas a tomar  helados, y para  comprarles un regalo a mis tíos y a mi abuela. Ya con eso, el presupuesto se me achicaba bastante, tanto que el día que me tocó volver a Santiago, no me quedaba ni un peso. Luego de que mi tía les avisara a mis papás en qué bus viajaba y a qué hora llegaba al terminal de la Universidad de Santiago, nos subimos al auto y partimos rumbo a la plaza de Viña, desde ahí salían los buses con destino a “mi hogar.”

En esa época  uno viajaba en Tur Bus o en  Pullman Bus, los primeros se tomaban el ala sur del terminal y los otros el ala norte. Todo parecía perfecto. No había dónde perderse, diría mi abuela. Me despedí con un poco de pena, pero ya extrañaba mucho a mis papás así es que era hora de volver. En el último abrazo, mí tía me aseguró que mi papá me iría a buscar a Tur Bus a las  17:30 hrs. Y me preguntó si necesitaba plata para el viaje, escuchando un tímido no de mi parte, nos despedimos y ella me pasó un super ocho para el camino. Sabía que me encantaban, pero yo no tenía nada de hambre y lo guardé. Dormí todo el viaje hasta que desperté justo cuando el bus se estaba estacionando. Me bajé y el auxiliar que ya había sacado mi maleta, me dijo que me cuidara mucho y que su misión terminaba ahí. Yo pensé: “y a mí que me importa, si mi papá me está esperando.”

Miré para todos lados buscando la figura inconfundible de mi papá, pero no lo veía por ninguna parte. Empezaron a pasar los minutos y no aparecía, cuando eran las seis, me empecé a preocupar y una sensación de miedo inexplicable, desconocida para mis 11 años, se empezaba a apoderar de mí. Pensé en llamar por teléfono a mi casa, pero no tenía plata,- ¿Cómo no acepté el ofrecimiento de mi tía?- Por vergüenza tal vez.

Las personas que antes me parecían benévolas, ahora se estaban transformando en grandes monstruos defectuosos, si veía a alguien con  la nariz grande, mis ojos la veían deforme y llena de verrugas, si usaba lentes, yo le veía los ojos ensangrentados y sin pupilas. Estaba empezando a desesperarme, ya eran cerca de las siete y mi papá no aparecía por ninguna parte. De pronto se me ocurrió pedir plata prestada para llamar por teléfono, pero no me atreví. Metí la mano al bolso, por si alguna moneda se había salvado de mis compras compulsivas y no encontré nada, solo estaba el super ocho un poco derretido. Un impulso me hizo ir hasta un kiosco, empujé mi maleta con todas mis fuerzas, pesaba demasiado, pero no me atrevía a dejarla sola. No sé cómo me atreví  a decirle a la señora que atendía, si me compraba el superocho, ella me quedó mirando extrañada, y me preguntó para qué lo quería vender, le expliqué casi llorando y aceptó el trueque. Lo vendí en cien pesos. Caminé hasta un teléfono público y marqué el número de la casa de un hermano de mi abuelo, me atendió su señora, mí adorada tía Nenita.

Le estaba explicando entre llantos mi problema, cuando se me acabó la plata para seguir hablando y un pito, para mi ensordecedor, no me dejó terminar de hablar. Cuando colgué, no me acordaba si le había dicho dónde estaba, no sabía si había alcanzado a explicarle lo del terminal y esas cosas. Me fuí de nuevo al andén y me senté arriba de mi maleta, en un acto de extrema protección de mis pertenencias y pensando que tal vez mi papá, podía llegar en cualquier momento y no me encontraría.

No sé cuanto rato pasó, pero de repente ví a  mi tío Javier caminando del brazo de mi tía Nenita, sentí un alivio tan grande que salí corriendo a su encuentro, dejando botada mi maleta, que tanto había cuidado todo ese rato. Me abrazaron, me limpiaron la cara y cuando estábamos a punto de irnos,  apareció mi papá, estaba como desfigurado, hasta lo encontré más flaco. Me abrazó, me miró y me preguntó dónde estaba, yo le conté todo, que no me había movido del andén más que para vender mi super ocho y llamar por teléfono. Había sido un mal entendido, él estuvo todo el tiempo esperándome en Pullman Bus, sentado, inmóvil por si yo llegaba y yo estuve todo el tiempo esperándolo, en Tur Bus, justo al frente, sólo nos separaba un estacionamiento gigante. El se levantó de su asiento un par de veces para confirmar la llegada de los buses desde Viña y para llamar a mi tía y chequear la hora de partida, pero nunca conversaron en qué bus había viajado y cada uno dio por hecho que el otro sabía. Nos despedimos de mis tíos, les dimos las gracias y caminamos hasta nuestro auto.

Mi papá me felicitó por mi valentía y  por mi ingenio, yo solo apoyé mi cabeza en su hombro, mientras él manejaba camino a nuestra casa…

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